sábado, 17 de julio de 2021

La izquierda pura

Comienza a instalarse en las redes la idea de que todo aquel que apoya a Boric es una basura amarilla. En una parte importante de quienes creen ser los únicos y genuinos representantes de la izquierda, se refuerza la idea de que cualquier otra opción distinta a Jadue constituye una forma de derecha fascista y traidora. Desde esta forma de pensar, el propio candidato del Frente Amplio, sería algo así como un neoliberal encubierto, un cínico que saca provecho del discurso de izquierda para desplegar una agenda oculta destinada a reforzar el modelo.

Quilapayún denomina "lacra" a quienes piensan de esta manera y argumentan que “ese sectarismo y esa intolerancia son lo mismo que después, una vez que esta gentuza llega al poder se transforma en prohibiciones y persecuciones a todo el que no se alinea con la verdad oficial”.

¡Fortísimas declaraciones! Yo no iría tan lejos en las descalificaciones, pero me interesa reflexionar sobre el origen de esta forma de pensar.

Se trata, por cierto, de un razonamiento que se pisa la cola, porque no existe algo así como un genuino pensamiento de izquierda, ya que siempre habrá alguien que encuentre alguna impureza, algún pecado original que pueda significar la excomunión del credo en cuestión. Así, por ejemplo, hay quienes sostienen que el mismo Jadue es desleal por haber pactado con el gobierno de Bachelet, o también, que Elisa Loncon y los constituyentes de pueblos originarios son todos traidores por el sólo hecho de entrar en la lógica del Estado y la institucionalidad (ver recientes declaración de la CAM). Llevada a su extremo la argumentación, esta nos conduce hacia la búsqueda de una deidad inexistente, un Dios o una Diosa que sería la única que, en último término, estaría habilitada para decidir quiénes son de verdad, los genuinos representantes de la religión de la izquierda aquí en la tierra.

Morris Berman, en su libro "Cuerpo y Espíritu" se refiere a este modo de estar en el mundo como el resultado de la falta de enraizamiento, es decir, la ausencia de conexión emocional con el entorno del cual somos parte. Así, quien habla desde la angustia de base que significa esta forma de separación, en vez de reflexionar repite mantras, consignas, y otro tipo de sucedáneos del pensamiento, que más que constituir genuinas ideas, actúan como placebos emocionales para calmar su trasfondo de inquietud. Por supuesto, es un mecanismo que se encuentra en ambos extremos del continuo político. No nos olvidemos que José Antonio Kast y los miembros de esa otra iglesia, consideran a Piñera como un "izquierdista".

Me parece necesario comprender lo que hay detrás de esta lógica. Más que debatir con quienes piensan de este modo (algo por lo demás imposible), creo importante avanzar hacia una comprensión de las causas detrás de esta forma de estar en el mundo. Siguiendo ese espíritu, yo entiendo el profundo shock emocional que significa para quienes buscan refugio en la ideología, el hecho de que sus gurúes contradigan los principios que según ellos debiesen regir el mundo. Si marchaste emocionado al son de "el pueblo unido jamas será vencido" y encontraste allí un sentido para vivir, debe ser terrible escuchar a tus ídolos decir algo diferente a lo que los sagrados principios del credo establecían


Entiendo esa rabia, comprendo el dolor de base. Pero resulta que no hay traición ninguna. Si suspendemos los juicios por un momento y nos conectamos con el presente, veremos que no hay ofensa ni deslealtad en las palabras de Inti Illimani, ni en la defensa de Quilapyún, ni en el tweet de Izkia Siches, ni en un gigantesco etcétera de personas de izquierda que de una u otra forma invitan a votar por Boric. Porque nunca hubo verdades inmutables, porque no hay dioses ni diosas. Eso estaba tan sólo en la cabeza de algunos que necesitaban de aquellas estructuras para sobrevivir en un mundo angustiante. Ese mapa no era en verdad la realidad, sino tan sólo una lógica que fue útil para navegar en un mundo que ya no existe.

 


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