POR RODOLFO BÄCHLER S.
Al parecer, aún no está clara para la derecha política, la relevancia de uno de los principales problemas de la educación chilena. Hablamos de la altísima segregación que exhibe nuestro sistema educacional.
¿Cómo puede
ser esto posible, considerando que llevamos al menos 7 años debatiendo sobre el
tema, si tomamos como fecha de inicio de la discusión, la irrupción del
movimiento de los “pingüinos”, el año 2006?
Al revisar el
reciente debate de las primarias presidenciales,
sostenido por Andrés Allamand y Pablo Longueira, específicamente entre el minuto
10 y el 15 del programa, uno se asombra de constatar, la increíble falta de
comprensión por parte de ambos candidatos, respecto de una de las falencias más
notorias que presenta nuestro sistema educativo. Tal cual han señalado, de
forma majadera incluso, diferentes organismos expertos, como Educación2020, o el
Centro de Políticas Comparadas de Educación, de la Universidad Diego Portales, nuestra
educación, en todos sus niveles, tiene el grave problema, de ser una de las más
segregadas del mundo. De hecho, ocupamos el segundo lugar en el deshonroso ranking mundial de segregación educativa, asociado a la prueba
Pisa: el índice Duncan. ¿Qué significa esto? Pues que en nuestros jardines
infantiles, colegios, liceos, y universidades; la gente no se mezcla, con lo
cual, aprendemos a vivir en sociedad, de forma aislada y probablemente prejuiciosa,
discriminándonos los unos respecto de los otros. Desde las más tempranas etapas
de nuestro desarrollo individual, los chilenos aprendemos, implícitamente, a
vivir en los diferentes tipos de ghettos que
caracterizan a nuestra nación. Aquí, los ricos estudian juntos y apartados, en
los colegios y universidades cota mil, mientras tanto, los pobres, conviven con
los de su misma condición social, en escuelas, liceos e institutos, geográfica
y culturalmente alejados de las “elites”. Esto es un problema, puesto que la
investigación demuestra que la mescolanza favorece el aprendizaje, pero no sólo de valores, sino también, de matemáticas, de lenguaje, y en general, de todos
los contenidos considerados en nuestro currículum escolar oficial. Además, puesto que el sistema escolar nos “enseña” implícitamente a vivir así, posteriormente,
cuando algunos estudiantes crecen, y se transforman en personas de las llamadas
“exitosas”, ellos van a practicar deporte a clubes exclusivos, mientras “otros”,
se quedan jugando a la pelota en canchas de tierra, en el extra radio del
desarrollo de nuestras urbes. Así, podríamos dar muchos ejemplos de la
segregación que caracteriza a nuestro país. Los mapuches, los discapacitados,
los homosexuales, los inmigrantes, y un largo etcétera de lamentables ejemplos
de discriminación, en el sentido más negativo del término. Lo que queremos, sin
embargo, es destacar que ésta, tiene como una de sus causas más importantes,
los 12 años de educación escolar obligatoria por la cual todos pasamos, en un
sistema educacional, que exuda segregación por todos sus poros. Esta
experiencia, nos significa el aprendizaje de un modelo de sociedad donde la
desigualdad, se presenta, implícitamente, como “la realidad” a asumir. Después
de la exposición cotidiana e insistente, durante más de una década de educación
formal, a una serie de situaciones escolares que nos muestran la sociedad de
una forma segregada, los chilenos egresamos al mundo, creyendo que esta
segregación es “la realidad” que “necesariamente” debe dar forma a nuestra
sociedad. Técnicamente, en psicología, estos aprendizajes se llaman
“concepciones o creencias”, y constituyen representaciones mentales
que guían nuestra conducta, aun cuando, nosotros no seamos conscientes de
aquello.
Nosotros pensamos que en las ideas anteriores, se encuentra, al menos en parte, la
explicación de lo que ocurre con los candidatos de la derecha, cuando se les pregunta
por la segregación del sistema educativo. Hecha la consulta sobre este tema, los
políticos parecen no escuchar, y del análisis de sus respuestas, se desprende
que no ven el problema sobre el cual se les interpela. Haga el ejercicio, y
revise usted mismo el debate, en el minuto señalado. Resulta claro, que para parte
de nuestra “elite”, el problema de la segregación y la desigualdad no existe. Por
otra parte, es evidente también, que la ceguera no obedece a dificultades
intelectuales, ni tampoco, a una falta de instrucción académica, cuestiones
sobre las cuales, ambos candidatos parecen estar suficientemente preparados.
Podemos aventurar incluso, que es probable que la situación no se derive
tampoco, de una falta de intención por mejorar nuestro sistema y favorecer el
cambio social. Nosotros sostenemos, que la dificultad estriba en razones más
profundas, asociadas a las concepciones de mundo que tienen los candidatos de
la Alianza. Éstas, se han producido como el resultado de años y años, viviendo
en las esferas de la elite socio-política, educativa, y económica de nuestro
país, configurando una particular visión de nuestra nación, donde las palabras
gestión, eficiencia, calidad, rentabilidad, y otras similares, moldearon una mirada
gerencial de la sociedad, que impide ver ciertos aspectos que para el resto de la
gente, resultan evidentes. Otro ejemplo del mismo tipo, es el discurso del
Presidente Piñera el año 2012, cuando en plena efervescencia de las protestas estudiantiles, lanza una de
sus frases para el bronce, señalando que la educación es un bien de consumo, a sabiendas de que dicha afirmación
le significaría bajar aún más, en las ya de por si alicaídas encuestas de
popularidad. A los políticos de derecha, les traicionan sus concepciones
implícitas de mundo, de modo que, aunque se esfuercen, diciendo que viven en
contacto con la gente, que han salido a la calle, o que recorren Chile
escuchado los problemas de la ciudadanía, lo cierto, es que ellos, son el triste
resultado de la misma educación segregadora que fomentan, que es tanto
síntoma, como causa de los problemas de desigualdad que sufre nuestro país. En
este contexto, los análisis hechos por los candidatos, sobre la calidad, el
tipo de financiamiento, y sobre todo, respecto de la famosa “libertad de
enseñanza”, aparecen como un discurso carente de substancia, puesto que no
contienen como trasfondo, un asunto que es central en la discusión. Esto es, que
la educación no tiene como único, ni principal objetivo a alcanzar, la
socialización de las personas, sino por el contrario, la formación de sujetos
críticos, capaces de transformar nuestro mundo social. En este contexto, es fácil ver que la ceguera
de los actuales candidatos, va más allá de sus eventuales buenas intenciones,
ya que se constituye, incluso corporalmente, como parte de su biografía personal,
aquella que da forma a su manera de entender el mundo y que es la base de
los procesos de razonamiento a la hora de tomar decisiones. De modo que
mire usted la historia personal de su candidato antes de votar. Este
antecedente, será tanto o más importante que sus intenciones al momento de implementar
el modelo de país que se quiera, el cual sin duda, puede ser como el camino al
infierno, plagado de buenas intenciones.