viernes, 3 de abril de 2026

EXCELENCIA DOCENTE: MÁS ALLÁ DE LOS PUNTAJES Dr. Rodolfo Bächler Silva Académico Escuela de Psicología Universidad Mayor


Antes de discutir si los puntajes mínimos de ingreso a las carreras de pedagogía deben subir o bajar, deberíamos preguntarnos qué tipo de docentes necesita el país y en qué contextos deberán trabajar. Tal vez la verdadera excelencia no tenga que ver con resultados en pruebas estandarizadas sino con la capacidad de transformar vidas donde enseñar es más difícil.


Cada cierto tiempo reaparece el debate sobre los requisitos de ingreso a las carreras de pedagogía. Se suele afirmar que elevar los puntajes mínimos permitiría atraer a los mejores candidatos para ser futuros profesores. Sin embargo, esta afirmación resulta poco útil si no se consideran dos cuestiones fundamentales previas: el estatus social de la profesión docente y los contextos en los que ejercerán los egresados.

Si se suben los puntajes mínimos de ingreso sin modificar la valoración social de la pedagogía, la consecuencia más probable será una baja aún mayor en la matrícula. La valoración social de la profesión docente es bajísima actualmente y en este escenario endurecer elevar los requisitos de puntaje solo reducirá el número de postulantes. Subir los puntajes puede ser razonable, pero solo después de una transformación cultural profunda que devuelva a la docencia el prestigio que merece. Ese cambio es urgente, pero tomará años, tal vez décadas en producirse.

El segundo aspecto es el más importante y corresponde a responder la siguiente pregunta: ¿en qué escenarios trabajarán los futuros profesores? La gran mayoría de los estudiantes del sistema escolar chileno asiste a establecimientos públicos o particulares subvencionados, y dentro de este tipo de escuelas, en aquellas donde existe mayor vulnerabilidad social es donde más rotación y escasez de docentes se produce. Si queremos responder a las necesidades reales del país, debemos pensar qué tipo de personas son las más adecuadas para enseñar allí.

Ser un buen profesor requiere inteligencia, sí, pero también sensibilidad, empatía y compromiso social. La educación no es un proceso meramente técnico; es una experiencia humana orientada a transformar vidas. En consecuencia, reducir los requisitos de ingreso a la pedagogía a un puntaje en una prueba estandarizada es un criterio pobre y reduccionista. Incluso podríamos preguntarnos si quienes logran los puntajes más altos en este tipo de pruebas no son, en algunos casos, quienes menos conocen de las desigualdades que atraviesan nuestras escuelas.

Tal vez el sistema necesite atraer no solo a quienes destacan en rendimiento académico, sino también a jóvenes que conozcan de primera mano los desafíos sociales y emocionales de las comunidades donde más faltan profesores. Personas que provienen de esos mismos contextos, que han vivido la vulnerabilidad y que, al haber encontrado oportunidades para continuar estudiando, pueden hoy devolver a sus comunidades una mirada distinta: la de quien sabe que enseñar también es abrir caminos.

Estos futuros profesores podrían comprender mejor la complejidad del aprendizaje en entornos adversos y vincularse con sus estudiantes desde una perspectiva integral, donde la enseñanza no se limite al rendimiento académico, sino que promueva la autoestima, la esperanza y la posibilidad real de desarrollo.

Si el objetivo es fortalecer la educación pública y disminuir las desigualdades, debemos atrevernos a invertir la lógica del mérito. En lugar de seleccionar únicamente a quienes obtienen más puntos en pruebas estandarizadas, podríamos construir políticas que reconozcan el valor del origen, la resiliencia y el compromiso con la realidad donde se necesita enseñar.

Una vez dentro del sistema, lo esencial será ofrecer a estas personas una formación sólida en lo pedagógico y profunda en lo humano, que les permita desarrollar una identidad docente coherente con los contextos en que ejercerán. No se trata de bajar estándares, sino de redefinir qué entendemos por excelencia. Porque la verdadera excelencia docente no se mide en puntajes, sino en la capacidad de transformar vidas en los lugares donde enseñar es más difícil y, precisamente por eso, más necesario.

 

jueves, 17 de octubre de 2024

Cuatro mitos acerca del estallido social que impiden una conversación honesta

 

Dr. Rodolfo Bachler

Académico Escuela de Psicología U. Mayor

Rodolfo.bachler@umayor.cl





A punto de cumplirse cinco años del estallido social, hoy nos encontramos con diferentes relatos acerca de este fenómeno que enturbian su comprensión. Esta situación no ayuda a avanzar en la solución de los problemas que dieron origen al estallido ni tampoco, contribuyen a atenuar la posibilidad de que este se repita. Parece claro que algunos de dichos relatos constituyen discursos prefabricados con la intención de sacar ventaja política. Otros en cambio, consisten en aproximaciones reduccionistas que cumplen la función de generar tranquilidad entre las personas generando la falsa ilusión de comprensión de un fenómeno que es a todas luces complejo.

En la escuela de psicología de la Universidad Mayor realizamos una serie de mediciones de las emociones que experimentaban las personas por esos días, un proceso que se extendió hasta la llegada de la pandemia. Algunos de los datos recogidos se presentaron en notas de radios y periódicos y fueron analizados con mayor profundidad en dos seminarios que contaron con la participación de connotados analistas políticos (seminario 1, seminario 2).

Todos los datos recogidos, puestos en diálogo con otras fuentes de información permiten desmontar diferentes mitos que se han ido construyendo posteriormente en torno del estallido y que impiden una lectura criteriosa del proceso acaecido en Chile y sus implicancias hacia el futuro. A continuación, analizo cuatro de los mitos que me parecen más significativos debido a la relevancia que presentan en términos de impedir una conversación intelectualmente honesta respecto de este fenómeno.


Mito número 1: El estallido fue comandado por un grupo organizado de líderes

El estallido fue lo que en ciencia cognitiva se denomina un fenómeno emergente. De acuerdo con la definición del filósofo norteamericano John Searle, un fenómeno emergente es aquel que no puede ser explicado a partir de su descomposición en elementos constituyentes más pequeños ni es comandado por un ejecutor central. Los fenómenos emergentes han sido identificados en diferentes ámbitos del estudio científico de la realidad, y, por supuesto, son el pan de cada día en la investigación de los fenómenos sociales. 

El estallido social surge de la interacción de diferentes hechos y variables que fueron interactuando entre sí para catalizar un proceso que, probablemente, latía desde hace algunas décadas como posibilidad. A este respecto, es importante recordar que el año 2006 ya habíamos vivido una primera manifestación de este tipo con los llamados pingüinos que sorprendieron a todo Chile al tomarse los establecimientos educacionales. Esta situación fue seguida por las protestas de los universitarios el año 2011 y se acompañó de las masivas manifestaciones en contra de la central hidroeléctrica Hidroaysen ese mismo año. Podríamos continuar con el movimiento No+AFP que se consolida el año 2016 después de las incendiarias declaraciones de su creador en una entrevista en la TV. Al igual que en este último caso, el estallido social del año 2019 parece emerger a partir de la interacción entre diferentes variables tales como la desigualdad objetiva reinante en el país, las desafortunadas declaraciones de algunos ministros de la época, la subida en el precio del transporte público y los casos de corrupción que terminaron en clases de ética. Todo este material fue caldo de cultivo en la población para la generación de un sentimiento de injusticia que no habiendo sido atendido durante décadas, explotó, de forma espontánea el 19 de octubre de 2019.

Contrariamente a quienes buscaron líderes responsables de este proceso en el K-pop, en la izquierda latinoamericana o incluso en los alienígenas, el estallido social tuvo como una de sus principales características, el hecho de tratarse de un evento carente de organización y cabecillas que guiaran su curso. De facto, es probable que una parte importante de este sorprendente fenómeno fuese, justamente, una expresión de rabia contra cualquier tipo de liderazgo articulado políticamente (para una revisión de esta acefalía del estallido, puede verse el libro de Patricio Fernández “Sobre la marcha”). 

El carácter emergente del estallido es una realidad hasta ahora indesmentible, sin embargo, es probable que para personas de mentalidad conservadora resulte difícil asumir esta situación. Hablamos de un tipo de hechos que a pesar de ser de ocurrencia frecuente, pueden resultar angustiantes dado que su observación nos recuerda el dinamismo, la complejidad y, sobre todo, la incertidumbre bajo la cual vivimos nuestras vidas. En este escenario, la elaboración de fantasías de control puede constituirse como efectivos mecanismos reductores de la angustia en un mundo cargado de impredecibilidad.


Mito número 2: Lo que vivimos en octubre de 2019 fue un estallido delictual

La categoría “delictual” resulta completamente maniquea para dar cuenta de la complejidad del proceso experimentado en Chile el año 2019. Lo anterior no equivale a negar la presencia de hechos delictuales al interior de este fenómeno. Lo que vivimos en Chile fue una manifestación de protesta social y como tal, al igual que la mayoría de las protestas acaecidas en el mundo en los últimos años conllevó hechos de violencia y también acciones delictuales (ver, por ejemplo, Paris 2018, Barcelona, 2019, Colombia 2021). Se trata, probablemente, de dos dimensiones inseparables de todo proceso social, una cuestión que puede resultar muy perturbadora para personas que buscan la pureza en la sociedad. De hecho, como afirma el filósofo político chileno, Cristobal Belollio, es probable que el estallido y su consigna de que “Chile despertó” no hubiesen sido jamás posibles de no sucederse actos violentos de por medio. Se trata de un hecho de la causa, no de una opinión a favor de la violencia.

Datos empíricos de nuestra propia investigación avalan las afirmaciones anteriores. A este respecto, sabemos, por ejemplo, que la rabia experimentada por los chilenos frente a los saqueos y actos vandálicos era mucho más fuerte entre las personas de mayores ingresos económicos. Se trata de un dato sorprendente si se considera que quienes en teoría debiesen haber experimentado más rabia frente a este tipo de acciones son justamente aquellas personas con menos recursos quienes hacen un uso cotidiano de la infraestructura pública dañada. ¿Transforma este dato de menor molestia frente a los actos vandálicos a las personas de menores recursos económicos de la sociedad en delincuentes? Más aún, ¿son delincuentes todas aquellas personas que vandalizaron infraestructura pública? Se trata de una pregunta inquietante y de difícil contestación pero que debe ser respondida con mente fría y libre de prejuicios si lo que se desea es avanzar en la comprensión del complejo fenómeno que fue el estallido social. 



Por otra parte, es claro, que debido al carácter emergente y acéfalo del estallido ya descrito, resultaba imposible, en ese momento, fijar límites para el comportamiento de las personas en dicho contexto. El estallido social fue un momento de suspensión de la normalidad social y como tal, transformó las conductas de las personas. Puede resultar contraintuitivo para los no expertos, sin embargo, quienes investigamos la psicología humana, sabemos que los comportamientos son situacionales y mucho menos sujetos a la voluntad autoconsciente de lo que a la mayoría de la gente le gusta imaginar (Bargh y Chartrand, 1999). 


Mito número 3: El estallido fue un fenómeno político de izquierda

Reconozcámoslo, mientras usted cantaba “Chile despertoooo, Chile despertooo”, soñando con la revolución que acabaría con el neoliberalismo, a su lado, entonando el mismo cántico, había quienes se ilusionaban con un Chile donde fuese más fácil cambiar el auto. El estallido social no fue de izquierda ni de derecha, fue una explosión que cruzó todo el espectro político. De hecho, el eje izquierda - derecha resulta ser un burdo reduccionismo para explicar comportamientos que más que conectar con ideologías políticas, tenía como trasfondo, profundas sensaciones de injusticia e indignidad.  No lo vimos en su momento y por eso nos sorprendió tanto que con posterioridad al estallido social, el candidato de ultraderecha José Antonio Kast pasara a la segunda vuelta de las elecciones presidenciales 2021 con la primera mayoría nacional. 

Este es el nuevo mundo. Un mundo donde la gente puede votar por la candidata a senadora Fabiola Campillay y en paralelo, elegir presidente a JAK. Mientras más pronto abandonemos el romanticismo político, más tiempo tendremos para conectar con el sentir profundo de la gente. 

En octubre de 2019, los chilenos estaban (están) hastiados, agotados de la injusticia del día a día. En ese contexto, el estallido significó un aire de esperanza en medio de lo que era un sombrío panorama emocional. De acuerdo con la medición que realizamos en la Escuela de Psicología de la Universidad Mayor, las emociones más intensamente experimentadas durante esos días fueron el interés y la alegría por las manifestaciones de protesta social (ver “Radiografía emocional frente a la movilización social”). Se trata de una combinación afectiva que según el psicólogo experto en emociones, Robert Plutchick, da origen al optimismo y la esperanza de cambio. Tal y como lo expresaron algunos de los 1061 compatriotas que participaron en el estudio:

“Muy emocionante sentir y vivir como se une en paz un país para demostrar un descontento generalizado” 

“Una gran emoción al ver a toda la gente unida por una causa” 

“Gran esperanza por nuestro futuro y compromiso para aportar en construir” 


Por unos días, tal vez meses, los chilenos y chilenas se unieron en son de protesta por la injusticia, esperanzados por un cambio que diese oportunidad de mayor dignidad a la población. Sin embargo, las causas de la injusticia percibida, así como las fórmulas para un eventual cambio eran entendidas de muy variadas formas entre quienes participaron de este proceso.

Mito número 4: la violencia que se vivió por esos días obedece a los discursos de figuras políticas que avalaron este tipo de conductas

Finalmente, un mito cuyo análisis cobra especial importancia en estos días de conmemoración del estallido, es la idea de que el componente de violencia del estallido social encuentra su razón de ser en el aval de figuras políticas que no cuestionaron su expresión.

Aun cuando un análisis calmado y a posteriori de los hechos ocurridos en octubre de 2019 sugiere que una parte del espectro político cometió un error al avalar explícita o implícitamente los hechos violentos que se vivieron por esos días, la creencia de que en este aval se encuentra parte de la causa de dichos actos resulta ser completamente exagerada. De hecho, una de las cosas que con mayor claridad expresó el estallido, fue un profundo desprecio por los “lideres” políticos y sus comportamientos. Bajo esa premisa, resulta ingenuo creer que las personas se comportarían de acuerdo con los dictámenes de dichas figuras e incluso, no hay que ser demasiado audaz intelectualmente para suponer que declaraciones de condena a los comportamientos violentos pudieran haber actuado en ese momento como bencina para un fuego que ya estaba bastante vivo por esos días. En ese contexto, si bien resulta razonable cuestionar desde un punto de vista ético la falta de condena a los hechos violentos expresados por parte de los manifestantes, aseverar que esta ausencia un factor causal de dichas conductas constituye si no una forma de manipulación de los hechos, al menos una deshonestidad intelectual que dificulta la instalación de análisis serios respecto de todo lo vivido.

Concluyo con una reflexión general. Si como país queremos avanzar y aprender de lo vivido durante octubre de 2019 y los meses posteriores, requerimos realizar un análisis desprejuiciado del estallido. Un examen de estas características implica mirar de frente el fenómeno, dispuestos a asumir la posibilidad de que en el fragor de la batalla cualquiera de nosotros pudiera haber emitido juicios equivocados respecto de este tema. Por el contrario, si nos empecinamos en expresar aseveraciones apresuradas y antojadizas que reduzcan la complejidad del fenómeno, entonces, nos encontramos frente a un eminente riesgo de nuevos estallidos, de consecuencias imprevisibles. Lo ocurrido en Chile el 19 de octubre de 2019 debe ser motivo de aprendizaje y desarrollo para hacer mejor política y no una oportunidad argumentar en contra de adversarios políticos. Un diagnóstico riguroso y más preciso respecto de lo ocurrido puede llevarnos en el futuro, a la construcción de soluciones efectivas para nuestro país.


lunes, 22 de noviembre de 2021

Campillai y Kast unidos jamás serán vencidos





Llegó el momento de aceptar una verdad incómoda: el estallido social no era exclusivamente de izquierda, ni tampoco, un movimiento homogéneo de gente en busca de mayor igualdad. Esto es lo que muchos quisimos creer pero ya va siendo hora de que nos quitemos esos anteojos. Llegó el tiempo de despertar de ese sueño tan utópico como infantil. Es difícil aceptarlo, entre otras razones, porque no querríamos que ese mundo ideal fuese irreal. Nos gustó cuando nos sentimos conectados en las calles, gritando, cantando, bailando. Todos juntos, protestando, con cacerolas, con cánticos y batucadas. Como si fuésemos todos tras el mismo sueño, compartiendo ideales respecto de un mundo mejor. Fue hermoso. Y fuimos felices mientras duró. Pero se terminó. FIN de la película. Vamos con el siguiente capítulo, la nueva temporada de la serie, aquella donde se despliega la verdadera complejidad de la trama. 

La verdad es que si bien estábamos todos juntos no nos encontrábamos exactamente en la misma parada. El estallido, más que una única revolución comunitaria, tuvo algo de gigantesco monólogo colectivo. Unos protestaban contra las transnacionales mientras otros querían una rebaja de impuestos. Unos eran animalistas, mientras otros protestaban por el precio de la carne. Unos exigían el  derecho a la educación mientras otros querían más dinero para pagar colegios particulares. No lo vimos porque estábamos eufóricos cantando "Chile despertó". No es bueno ni malo, es tan sólo real. 

Es difícil aceptar esta multiplicidad de demandas y miradas, a veces contradictorias las unas con las otras. Nos cuesta asumir esta paradójica diversidad porque, entre otras cosas, implica derribar el reduccionismo izquierda / derecha que tanto nos gusta. Ese eje, tan útil para explicarnos el mundo durante décadas pasadas, resulta que ahora no explica prácticamente nada. Y no logramos despegarnos de él. Es que la mente es dicotomizante y le gusta ver el mundo desde un punto de vista dual. Fachos y demócratas, progresistas y conservadores, buenos y malos, nosotros y ellos. Parece que nos proporciona seguridad pensar de ese modo, nos simplifica la vida. Pero la realidad es infinitamente más intrincada y sutil. Y se requiere coraje y humildad para pensar de forma compleja y multidimensional. Coraje porque supone enfrentarse a los discursos hegemónicos y reduccionistas. Humildad porque implica aceptar que podemos no estar entendiendo nada. Si bajamos los brazos, tal vez nos demos cuenta de que algunas de nuestras certezas y explicaciones son sólo un intento por tranquilizarnos.

¿Cómo puede ser que habiendo ganado el apruebo por paliza triunfe ahora la ultraderecha? ¿En menos de un año pasamos de ser un país de izquierda a uno fascista? Hay algo que no calza en este puzle. Estamos utilizando categorías antiguas para dar cuenta de una realidad fresca y emergente. El mundo ideologizado se termina y avanzamos hacia un nuevo orbe donde los ejes izquierda derecha ya no explican. En este nuevo mundo se puede votar por Campillai y Kast en la misma elección. En esta nueva realidad se puede valorar el feminismo y votar por un candidato que no paga la pensión alimenticia. La izquierda y la derecha unida jamás serán vencidas, decía Nicanor Parra. Algo muy potente y sabio escondía la provocación del antipoeta. No digo que esté bien o mal, no afirmo que sea legítimo o ilegítimo, tan sólo señalo que es un fenómeno que ocurre y que explica, en parte, el triunfo del candidato del rechazo . 

Hay quienes se molestan con esta nueva realidad mutante e inconsistente. Yo prefiero tratar de entenderla. Hace un rato ya que los hechos vienen mostrándonos que el mapa no es el territorio. Y la solución no se encuentra en negar la realidad, más bien tenemos que cambiar el mapa. Ocurrió para la elección presidencial de 2017 cuando parte de los veinte puntos de votación de Beatriz Sanchez fueron para Piñera. No todos los que votaron a Bea en primera vuelta eran de izquierda y no todos los que votaron a Piñera en la segunda, calzan exactamente con el prototipo de derecha. Ya sé que no es agradable escucharlo pero me resulta necesario decirlo. Más que un problema de izquierdas y derechas, la elección del segundo gobierno de Piñera se trataba de personas aburridas, cansadas, hastiadas de la política "tradicional", y que vieron en la candidata del Frente Amplio, una alternativa diferente y "refrescante". No obstante, una vez resuelta la primera vuelta, se inclinaron en el balotaje por la alternativa, a sus ojos, más pragmática. 

Bajo una sintonía emocional similar a la de aquella elección, hay gente que ahora votó apruebo porque siente que el sistema nunca está de su lado, porque ve que todo el tiempo son otros los que ganan. Son personas que quieren un cambio, sin embargo, las modificaciones que buscan no se corresponden prácticamente en nada con los ideales de la utopía de la izquierda tradicional. El estallido no se trataba, por tanto, de una masa uniforme de gente luchando por la igualdad como a algunos les gustaría creer.  Una parte no menor del estallido se conformaba por personas que, simplemente, querían ganar alguna vez. Tomar el camino corto, saltarse la fila y triunfar al menos una vez en la vida, como Parisi, como Gino Lorenzini, como Marcianeke, como Rojas Vade. No todos eran personas luchando por un mundo mejor, muchos de ellos eran sólo seres humanos enrabiados, tristes de siempre perder. No hay ideología allí, en el sentido explícito del término, tan sólo hastío, cansancio y angustia, mucha angustia.

Junto a @pabsegovia realizamos recientemente un estudio para evaluar los niveles de angustia frente a la pandemia por el Covid-19 y encontramos que las tasas de distrés peri traumático (así se dice técnicamente), eran muy altas en nuestro país. Más del 73% de las personas evaluadas presentaban niveles de angustia moderados o severos. Este resultado es el más alto de todos los países que han realizado evaluaciones similares en el mundo. En Chile estamos cansados e hiperreactivos, votando para decidir el futuro de nuestro país. Es en este escenario que Kast viene a ofrecer certezas y seguridad frente a la angustia: una zanja para que no ingresen los inmigrantes a quitarnos nuestro trabajo, un estado más chico para que no haya corrupción, una mano dura para acabar con la delincuencia y el narcotráfico, menos impuestos para reactivar la economía. Sencillo, breve, directo. Un mensaje que cala profundo en una sociedad cansada y angustiada. No hay mucho que analizar al respecto. Todos queremos más trabajo, menos delincuencia  y más crecimiento. Y los detalles: ¡Qué importan los detalles! La vida es ya suficientemente compleja como para que venga un político a enredar más aún las cosas. Lo que esa sociedad del cansancio quiere son soluciones no explicaciones. 

En este contexto de angustia y confusión se puede empatizar con Fabiola Capillai como una víctima de la opresión y la injusticia, y al mismo tiempo, creer que la solución se encuentra en un político "distinto", que dice las cosas por su nombre y que va de frente contra los corruptos. Es duro de aceptar, pero creo que debemos abrirnos a esa posibilidad si queremos entender algo de lo que ocurre. Es necesario que Gabriel Boric baje ahora de su árbol y conecte con esa señora que está asustada pensando que una bala loca puede matar a parte su familia. Menos poesía y más realidad. Necesitamos urgentemente que Apruebo Dignidad deje de pensar en Lollapaloza y se conecte con los vendedores de chapitas a la salida del concierto. De lo contrario nos encontraremos en la increíble paradoja de tener un proceso constituyente en curso con un presidente del rechazo. Tal vez el peor de todos los escenarios posibles.

Finalmente, para despejar cualquier duda, quiero explicitar que en ningún modo estoy minimizando el horror de la asquerosa y hasta ahora impune violación a los derechos humanos que ha sufrido la senadora Campillai. Necesitamos justicia y reparación para ella y todas las demás víctimas de las violaciones a los derechos humanos. Es evidente que nada de aquello llegará con un eventual gobierno de Kast. Pero del mismo modo, pienso que cada vez es menos probable un triunfo de Apruebo Dignidad mientras ese conglomerado no abandone las lógicas y discursos del pasado.











 

sábado, 17 de julio de 2021

La izquierda pura

Comienza a instalarse en las redes la idea de que todo aquel que apoya a Boric es una basura amarilla. En una parte importante de quienes creen ser los únicos y genuinos representantes de la izquierda, se refuerza la idea de que cualquier otra opción distinta a Jadue constituye una forma de derecha fascista y traidora. Desde esta forma de pensar, el propio candidato del Frente Amplio, sería algo así como un neoliberal encubierto, un cínico que saca provecho del discurso de izquierda para desplegar una agenda oculta destinada a reforzar el modelo.

Quilapayún denomina "lacra" a quienes piensan de esta manera y argumentan que “ese sectarismo y esa intolerancia son lo mismo que después, una vez que esta gentuza llega al poder se transforma en prohibiciones y persecuciones a todo el que no se alinea con la verdad oficial”.

¡Fortísimas declaraciones! Yo no iría tan lejos en las descalificaciones, pero me interesa reflexionar sobre el origen de esta forma de pensar.

Se trata, por cierto, de un razonamiento que se pisa la cola, porque no existe algo así como un genuino pensamiento de izquierda, ya que siempre habrá alguien que encuentre alguna impureza, algún pecado original que pueda significar la excomunión del credo en cuestión. Así, por ejemplo, hay quienes sostienen que el mismo Jadue es desleal por haber pactado con el gobierno de Bachelet, o también, que Elisa Loncon y los constituyentes de pueblos originarios son todos traidores por el sólo hecho de entrar en la lógica del Estado y la institucionalidad (ver recientes declaración de la CAM). Llevada a su extremo la argumentación, esta nos conduce hacia la búsqueda de una deidad inexistente, un Dios o una Diosa que sería la única que, en último término, estaría habilitada para decidir quiénes son de verdad, los genuinos representantes de la religión de la izquierda aquí en la tierra.

Morris Berman, en su libro "Cuerpo y Espíritu" se refiere a este modo de estar en el mundo como el resultado de la falta de enraizamiento, es decir, la ausencia de conexión emocional con el entorno del cual somos parte. Así, quien habla desde la angustia de base que significa esta forma de separación, en vez de reflexionar repite mantras, consignas, y otro tipo de sucedáneos del pensamiento, que más que constituir genuinas ideas, actúan como placebos emocionales para calmar su trasfondo de inquietud. Por supuesto, es un mecanismo que se encuentra en ambos extremos del continuo político. No nos olvidemos que José Antonio Kast y los miembros de esa otra iglesia, consideran a Piñera como un "izquierdista".

Me parece necesario comprender lo que hay detrás de esta lógica. Más que debatir con quienes piensan de este modo (algo por lo demás imposible), creo importante avanzar hacia una comprensión de las causas detrás de esta forma de estar en el mundo. Siguiendo ese espíritu, yo entiendo el profundo shock emocional que significa para quienes buscan refugio en la ideología, el hecho de que sus gurúes contradigan los principios que según ellos debiesen regir el mundo. Si marchaste emocionado al son de "el pueblo unido jamas será vencido" y encontraste allí un sentido para vivir, debe ser terrible escuchar a tus ídolos decir algo diferente a lo que los sagrados principios del credo establecían


Entiendo esa rabia, comprendo el dolor de base. Pero resulta que no hay traición ninguna. Si suspendemos los juicios por un momento y nos conectamos con el presente, veremos que no hay ofensa ni deslealtad en las palabras de Inti Illimani, ni en la defensa de Quilapyún, ni en el tweet de Izkia Siches, ni en un gigantesco etcétera de personas de izquierda que de una u otra forma invitan a votar por Boric. Porque nunca hubo verdades inmutables, porque no hay dioses ni diosas. Eso estaba tan sólo en la cabeza de algunos que necesitaban de aquellas estructuras para sobrevivir en un mundo angustiante. Ese mapa no era en verdad la realidad, sino tan sólo una lógica que fue útil para navegar en un mundo que ya no existe.

 


sábado, 10 de julio de 2021

La belleza de sentir (comentario sobre columna de Cristian Warnken )

Cristián Warnken está enojado y no lo sabe. Está enojado porque el mundo de Artes y Letras se derrumba ante sus ojos. Las estructuras de poder, las categorías de organización que conoció: lo bueno y lo malo, lo normal y lo anormal, lo bello y lo feo, todo este orden establecido desde arriba, se desarma. Lo que prima ahora es el movimiento, la transformación. Como dice la canción de Fito, el viejo mundo (de los Cristianes Warnkenes) “se terminó”. 

 Quedarán vivos, en el sentido amplio del término, aquellos que estén abiertos a la experiencia. Seguirá latiendo la vida en quienes tengan disposición a aprender antes que explicar, aquellos que estén disponibles para sentir antes que juzgar. Permanecerán quienes desciendan de las alturas de la intelectualidad para convivir horizontalmente con la humanidad, con las plantas, con los otros animales, con los ríos y los mares. Quedaremos vivos quienes dejemos caer los brazos y suspendamos nuestros juicios a priori. Morirán, en un sentido psicológico, aquellos que nostálgicamente se aferren al pasado y dejen de escuchar el pulso del presente. 

Es muy interesante lo que pasa con Cristián Warnken puesto que cae preso de la misma trampa que ya, desde el siglo pasado, fue denunciada respecto del psicoanálisis. Esta pseudociencia, en la cual Cristian se apoya para argumentar, para explicar, para dictar a los(as) constituyentes los patrones “correctos” de actuación, fue duramente criticada por ser una disciplina que argumentaba que toda forma de sufrimiento tenía su origen en el pasado. Fritz Perls, ex psicoanalista reconvertido en gestaltista denunció hace más de cincuenta años que los seres humanos vivimos en el ahora y que el pasado y el futuro, no son más que construcciones, la mayoría de las veces neuróticas, que elaboramos como una forma de evitar el sufrimiento. Claudio Naranjo, nuestro querido Claudio Naranjo, alguien con quien Cristián Warnken mantuvo maravillosas conversaciones que ahora parecen de la prehistoria, lo ponía en los siguientes términos: 

 "Vive ahora, es decir, preocúpate del presente más que del pasado o el futuro. Vive aquí, es decir, relaciónate más con lo presente que con lo ausente. Deja de imaginar, experimenta lo real. Abandona los pensamientos innecesarios, más bien, siente y observa"

 

Respecto de lo último, la preeminencia del sentimiento por sobre el pensamiento, se trata de una idea que recibe mucho respaldo de las actuales ciencias cognitivas. Damasio, el famosísimo neurocientífico portugués, demostró, de forma magistral, que las emociones, bajo la forma de marcadores somáticos se adelantan a nuestras decisiones conscientes señalándonos cursos de pensamiento y acción de forma intuitiva. En Chile, llamamos a esa forma de conocimiento tener una “tincada”, una voz que parece derivar de una ceremonia de pueblos ancestrales que habitaban el norte de este territorio que ahora llamamos Chile. La ceremonia del Tinkay, es una práctica de agradecimiento a la pachamama mediante ofrendas, de modo que es probable que la palabra tincada, del quechua “t'inkay” evolucione queriendo significar un tipo de conocimiento enraizado, corporizado y emocional, distinto del pensamiento teórico y representacional que ha predominado en nuestro mundo hasta ahora. Pero Cristian parece no comprender este cambio de paradigma cuando habla de las emociones como algo obscuro, inconsciente y que contamina nuestra razón: 

 "Cuando hemos reprimido por mucho tiempo nuestras angustias, rabias y miedos, como individuos o colectividades, esa irracionalidad inevitablemente termina por desbordarnos. Eso fue el estallido social del 2019".

 

No es así como funcionan las emociones Cristian. Como afirma una de las mayores expertas del mundo en emociones, Lisa Feldman Barrett, todo pensamiento es emocional y no es cierto aquello de que por un lado pensamos y por otro sentimos. Ni menos aún, esa idea de que las emociones son estados irracionales. De modo que bienvenida esta nueva época donde comencemos a pensar con el corazón y más conectados con la tierra. ¡Bienvenidas las tincadas! En la vida, en las relaciones entre las personas, y por supuesto, también en la política, ya que como afirma la filósofa Martha Nussbaum, las emociones son estados cognitivos y se encuentran a la base de nuestras decisiones políticas.

martes, 5 de enero de 2021

CAIDA LIBRE EN LA APROBACIÓN DEL GOBIERNO DEL PRESIDENTE PIÑERA: LAS EMOCIONES DETRÁS DE LA DEBACLE

El presidente Piñera y su gobierno han alcanzado la semana recién pasada, un nuevo mínimo histórico de aprobación, hito que puede considerarse, por lo negativo, un lamentable record de su gestión. Cercano a confundirse con los márgenes de error de las encuestas, los últimos resultados de aprobación de su gobierno (5,1 % en la encuesta Pulso Ciudadano de Activa Research), nos hablan de un inédito bajísimo grado de aprobación por la persona del presidente, que no tiene antecedentes en mandatario alguno que haya gobernado en nuestro país, desde que hay estadísticas al respecto. Con anterioridad al segundo gobierno del presidente Piñera, el “primer lugar”, en este triste ranking de los mínimos de aprobación, era detentado por la presidenta Bachelet, quien había obtenido una aprobación de 15%, según la encuesta de agosto de 2016 del Centro de Estudio Públicos (CEP). Se trata, este último, de un resultado que, mirado retrospectivamente, deviene ahora casi en un motivo de orgullo para sus partidarios. Todo esto, aún cuando en su minuto, este hecho fue caldo de cultivo para los llamados a renunciar por parte de sus adversarios, como nos lo recuerdan ahora insistentemente las redes sociales a propósito de la debacle del actual gobierno. Prácticamente nadie quiere en este momento al presidente, e incluso, entre quienes se autodefinen políticamente como “de derecha”, el grado de aprobación alcanza apenas a un 25,4% ¿Cómo se produce este “milagro”? ¿De qué emociones se compone esta generalizada sensación de rechazo? Junto a un equipo de investigadores (Rodolfo Bachler, Pablo Segovia, Constanza Carter y María Josefa Pacheco) conforman el equipo a cargo de este estudio nos hemos abocado, durante el último año, a evaluar las emociones que han experimentado las personas que viven en Chile frente a diferentes aspectos asociados al denominado “estallido social” y la crisis sanitaria provocada por el COVID-19. Varios de los hallazgos de este estudio fueron presentados en un reciente seminario realizado en la escuela de psicología de la Universidad Mayor y pueden revisarse en este enlace. Ahora quiero detenerme en el análisis de algunos resultados más específicos, referidos a las emociones que durante el último año ha suscitado en nuestra población la actuación del gobierno y la figura de nuestro presidente, con el objetivo de comprender, de mejor forma, su escaso grado de aceptación. Primer elemento: la rabia que surge del agravio Lo primero que llama la atención al examinar los datos que tenemos, es que, de todos los ítems que evaluamos durante el año que va de octubre de 2019 a octubre de 2020, son el manejo del gobierno respecto de la crisis sociopolítica y el manejo del gobierno de la crisis sanitaria, aquellos que más rabian ha provocado en la población. La rabia frente al gobierno y la figura del presidente es incluso más intensa que la molestia que surge frente a otros hechos fuertemente perturbadores, como fue la instalación de la pandemia en nuestro país (ver Figura 1). Figura 1. Evaluación de la intensidad del enojo en diferentes situaciones entre octubre de 2019 y octubre de 2020
Luego, en un segundo y tercer lugar, se encuentran otros factores detonantes de molestia como es el caso del estado de emergencia y la salida de los militares a la calle decretados en noviembre de 2019, así como el deterioro que experimentó nuestra economía durante el año, a raíz de las sucesivas crisis que hemos vivido. ¿Cómo debe entenderse la rabia que genera el gobierno y su presidente en la población? Atendiendo a la concepción de las emociones como evaluaciones que implícitamente realizamos sobre la realidad (Ortony y Clore, 2008) puede comprenderse la rabia en este caso, como un tipo de juicio que, sin total consciencia, hacemos sobre el actuar de nuestro gobierno y la figura de nuestro presidente. Robert Solomon, uno de los más importantes filósofos de las emociones, la define como “el juicio de que uno ha sido agraviado u ofendido” (Solomon,2007 p.30). Siguiendo esta lógica puede entenderse que reaccionamos con ira cuando sentimos que se nos ha hecho un desaire, se nos ha insultado o humillado contrariando nuestro ser y sus características más esenciales. Para analizar este punto, recordemos algunas declaraciones de personeros del gobierno proferidas en fechas cercanas al “estallido”, que a estas alturas pueden ser consideradas paradigmáticas del actuar del gobierno y su relación con la gente 1. El día 07 de octubre de 2019, el entonces ministro de economía señalaba, a propósito del alza en la tarifa del metro “Quien madrugue puede ser ayudado a través de una tarifa más baja”. Cuatro días después, un grupo de más de ochenta estudiantes del Instituto Nacional realizaba una masiva evasión al Metro en señal de protesta por el alza del pasaje 2. El día 08 de octubre de 2019 el entonces ministro de Hacienda, Felipe Larraín decía, comentando el IPC de septiembre “Hay que destacar a los románticos que han caído las flores, el precio de las flores, así que los que quieran regalar flores en este mes, las flores han caído un 3,7%”. Casi al instante, una usuaria de redes sociales comentaba, con las siguientes palabras, el vídeo colgado en un periódico con la declaración del ministro: “Compraré flores para un estimado vecino que se suicidó ayer por falta de trabajo y de oportunidades, 10 meses cesante, no encontró ninguna ocupación por estar viejo. El ministro es un desubicado, la situación económica va en caída libre y el preocupado de los románticos. Pura tristeza por Juanito”. Lamentablemente, frases como las de los ministros hay por doquier entre los personeros del gobierno . ¿Qué tienen en común estas expresiones? Se trata de afirmaciones que resultan agraviantes por cuanto conllevan, implícita o explícitamente, un cierto tipo de menosprecio por el otro, una negación de la realidad extremadamente compleja y sacrificada en la cual vive gran parte de la población chilena. Sin embargo, tal vez el mejor ejemplo de agravio se encuentre en las palabras del propio presidente Piñera, cuando señalaba, el mismo 8 de octubre, unos días antes del estallido: “en medio de esta América Latina convulsionada, Chile es un verdadero oasis con una democracia estable”. Se trata de una expresión que trasunta un profundo desprecio por la realidad de una gran parte de nuestra población, que mantenía, en números azules, en base a su propio esfuerzo y sufrimiento, los indicadores macroeconómicos de nuestro país. El oasis al cual se refería nuestro gobernante era uno de papel, sustentado sobre una precaria realidad laboral (Villavicencio, 2019), un extendido sobreendeudamiento (Bozzo, 2020) y un gran deterioro de la salud mental de nuestros habitantes (Vicente, Saldivia y Pihán, 2026). Todos lo sabían, menos el presidente, al parecer… Al interior de este escenario, la rabia brotó como una explosión nuclear en nuestra sociedad, un estallido que, de modo espontáneo y desorganizado, apuntó a desmantelar algunas de las que eran consideradas como las bases estructurales y simbólicas de la injusticia reinante. No es extraña esta reacción. Como señala Solomon (2007), la rabia es, finalmente, una forma de implicación en el mundo que busca cambiar el estado de las cosas, apuntando a su paso, a quienes son identificados como los culpables de la injusticia. Sin embargo, no sólo de rabia se constituyen los bajos niveles de aprobación del gobierno. Segundo elemento: la repulsión frente a la indignidad Si examinamos los datos que obtuvimos al evaluar los niveles de asco o repulsión que experimentó nuestra población en el último año, tenemos otra arista que puede ayudarnos a completar el puzle del bajo grado de aceptación hacia el gobierno y la figura del presidente Piñera en las últimas encuestas de opinión. En este caso, se trata de una emoción de características morales (Haidt, 2019), que se experimenta frente a aquello que es considerado como repulsivo puesto que contamina nuestra esencia como seres humanos. No sólo sentimos asco frente a alimentos descompuestos o potencialmente dañinos, sino que también, el llamado “asco moralizado” es aquel que es provocado por ofensas y transgresiones sociomorales. Se trata, en este último caso, de una emoción que se sucita frente a cuestiones abstractas y que juega un papel protector de la dignidad humana en el orden social, actuando como un modo de rechazo de marcos valorativos considerados degradantes o denigrantes (Rozin, Haidt, MacCauley, 1999). La conceptualización anterior, que refiere al asco como una emoción que resguarda la dignidad humana, tiene un reflejo en dos de los elementos más significativos de la protesta iniciada en octubre de 2019. El primero, corresponde a un lema que fue posible ver en numerosos carteles de las marchas desplegadas durante este año, así como en cientos de grafitis pintados en las paredes de las principales ciudades de Chile que fueron escenario de las protestas: “hasta que la dignidad se haga costumbre” , En segundo lugar, la palabra dignidad fue el centro de una de las demandas más representativas del estallido, cual fue la idea de reemplazar el nombre de la Plaza “Italia” o “Baquedano” por plaza “dignidad”. Resultan notables ambos ejemplos, si se considera que “dignidad”, en la primera acepción que ofrece el diccionario de la real academia española de la lengua, significa “merecedor de algo”. La lucha por dignidad es entonces una lucha de derechos y el asco, en este contexto, corresponde a una emoción moral que surge cuando se contravienen principios éticos que consideramos centrales para la organización de nuestra sociedad. ¿Qué situaciones provocaron mayor asco entre los habitantes de este país en el último año? Figura 2. Evaluación de la intensidad del asco en diferentes situaciones entre octubre de 2019 y octubre de 2020
Si se examinan los datos expuestos en la Figura 2, puede apreciarse que aquellos hechos que mayores niveles de asco o repulsión provocaron en la población durante el último año fueron, en orden decreciente de intensidad: “el manejo del gobierno de la crisis sociopolítica”, “el estado de emergencia de 2019 con la salida de los militares a la calle” y “el manejo del gobierno de la crisis sanitaria”. Al comparar estos resultados con los que obtuvimos para el caso de la rabia, pueden apreciarse algunas importantes diferencias. En el primer caso, observamos que los principales detonantes del enojo en la población fueron, en iguales niveles de intensidad, el manejo del gobierno respecto de la crisis sociopolítica y el manejo del gobierno sobre la crisis sanitaria provocada por la pandemia. Sin embargo, al analizar cuáles fueron los principales motivos de asco o repulsión durante el año, tenemos que el manejo de la crisis sanitaria “baja” a un tercer lugar de importancia, dejando un espacio, como segundo motivo de repulsión, al estado de emergencia de 2019 y la salida de los militares a la calle. Dicho de otra forma, nos generó más repulsión el manejo del gobierno respecto de la crisis sociopolítica que el nivel de asco que nos provocó el manejo de la crisis sanitaria ¿Cómo puede interpretarse esta diferencia? Según expuse previamente, el asco puede ser entendido en casos como estos, como una emoción moral, es decir, como una sensación interna que nos lleva a alejar de nosotros aquello que es percibido como un contaminante en términos éticos. Los seres humanos a diferencia de otras especies, experimentamos repulsión por personas y situaciones que trasgreden principios éticos “intoxicando” nuestros valores y nuestra vida en sociedad. En el contexto de lo anterior, parece ser, que la gente, en su mayoría, tiene la sensación de que el manejo del gobierno respecto de las demandas que surgen como motor del llamado estallido social, vulnera valores morales. No se trata de que la gente perciba problema “técnicos” vinculados a la eficiencia con la cual se enfrentan los problemas sociales. El manejo de la crisis sociopolítica por parte del gobierno ha provocado algo, si se quiere, más profundo, una sensación de repulsión derivada de la transgresión de principios éticos que son percibidos como ejes rectores de la sociedad. Para ponderar adecuadamente esta sensación, es necesario comprender que los gobiernos no son sólo administradores de los recursos de un país. Implícita o explícitamente, ellos son también gestores valóricos y tienen, por tanto, la misión de mostrar un camino hacia el futuro. Lamentablemente, parece ser que el actual gobierno fracasó en esta última tarea, provocando el rechazo de la población frente a los valores y el camino ofrecido. La repulsa generada es algo que no parece tener vuelta atrás. Al igual como ocurre cuando pasamos años sin poder volver a probar un bocado descompuesto, que alguna vez nos intoxicó, por más esfuerzos que este gobierno haga para demostrar eficiencia, es probable que el asco generado ya no se atenúe. Si lo anterior es correcto, aún cuando el gobierno pueda hacer gala de sus gestiones con los ventiladores, las vacunas, las tasas de empleabilidad, los subsidios, y otra serie de cuestiones “técnicas”, sin duda muy importantes, mientras siga habiendo la sensación en la gente de que se transgredieron principios éticos fundamentales que dan forma a nuestra sociedad, el rechazo será el telón de fondo sobre el que el presidente Piñera tendrá que trazar sus últimas líneas.

martes, 21 de julio de 2020

Carta abierta al gerente general de la compañía Lipigas

Estimado Ángel

Hoy es un día de lluvia y en mi casa se ha acabado el gas. Son las 9:06 AM y me encuentro escuchando los análisis políticos del día mientras intento comprar gas por internet.  En la radio, el comentarista de Tele13, Francisco Covarrubias, repite una y otra vez que Chile requiere que pongamos límites a la violencia. "Necesitamos que, transversalmente, los políticos  condenen sin matices la violencia que coarta la deliberación de nuestro congreso". Estoy de acuerdo. 

Mientras tanto, en la bandeja de entrada de mi correo encuentro un mensaje de Lipigas que señala "Sabemos que lo que Chile necesita es cariño" "Responde la encuesta y tendrás hasta un 20% de descuento en cilindros de 15 y 45 kgs." ¡Qué bien me digo, vamos por la encuesta! La primera sorpresa es que no se trata de tres o cuatro preguntas, sino de una encuesta sustantiva que me significa más o menos diez minutos de "trabajo" si uno se toma en serio este proceso. No puedo evitar responder concienzudamente, trabajo en investigación en ciencias sociales y hago muchas encuestas permanentemente con lo cual tengo algo de empatía, por defecto, frente a este tipo de evaluaciones. Una vez finalizado el proceso voy por el objetivo final: la compra del anhelado balón de gas ya que aún no he podido ducharme ni preparar mis huevos de desayuno. Aquí es donde emerge la sorpresa y luego la rabia. La página de internet de Lipigas muestra que el balón de 15 kgs cuesta $ 19.740 en circunstancias que en la compañía de la competencia, el precio de entrada es, sin descuentos, de $16.550. Una vez más he caído en la trampa. Lo que Lipigas ha hecho, es subir su precio en un 20% o más, para luego ofrecer un 20% de descuento que les permite "regresar" al precio original. Sé que estas cosas ocurren. Las empresas suben sus precios uno o dos días antes de una época de rebajas, para luego lanzar un ofertón que crea la ilusión de mejores precios en la gente. Técnicas de marketing le llaman. Aprendizajes que se generan en postgrados de economía, en el extranjero, MBAs, diplomados en management, etc. 

Pienso en mis propias encuestas. La declaración de Singapur nos obliga (en buena hora) a todos quienes trabajamos en ciencia a mantener total coherencia y transparencia con los objetivos, resultados, datos, y todo tipo de contenido asociado a nuestros proyectos de investigación. Por lo mismo, antes de pedir a alguien que nos responda un cuestionario, los científicos debemos entregar toda la información del proyecto de investigación en cuestión, dejar un correo para consultas y comprometernos por escrito a un uso confidencial y con fines de investigación exclusivamente, respecto de los datos que se recaben. ¿Qué diferentes son ambos mundos! Tanto por el tipo de tareas que realizamos, como por el nivel de ingresos que percibimos, así como por las restricciones éticas a las cuales estamos obligados, la ciencia y los negocios son realmente dos mundos opuestos.

Pienso nuevamente en los alegatos de Francisco Covarrubias en la radio, exigiendo declaraciones públicas en contra de la violencia. Sigo de acuerdo, pero ahora, reparo también en los dichos  del otro comentarista (Jorge "Pirincho" Navarrete), quien señala que no basta sólo con declaraciones acerca de la violencia, que se requieren también explicaciones. Debe ser mi espíritu científico, que busca siempre explicar. Debe ser también la rabia que me da contra su empresa y sus prácticas, que experimento ahora empatía respecto de quienes protestan con vehemencia. Me da rabia sentirme manipulado, engañado y me siento parte de los millones de chilenos y chilenas que caemos en vuestras trampas día tras día. Pienso en las reacciones de quienes somos presas de sus técnicas de márketing y negocios con las cuentas de la luz, el gas, la electricidad, la salud, la previsión y un largo etcétera de situaciones cotidianas que molestan, irritan, cansan, agobian. ¿De dónde viene tanta violencia? ¿Será un asunto genético? No, las razones son psicosociales, culturales, y tienen directa relación con el tipo de prácticas que compañías como la que usted dirige, llevan a cabo. 

Estimado Ángel. Deje de engañar a la gente, deje de manipularnos. Estas cosas irritan y aunque a usted le pueda parecer una minucia en el mar de injusticias que existen en el mundo, lo cierto es que una injusticia sumada a otra, y a otra más, van creando un país injusto y una rabia incontenible entre la gente. Somos todos responsables, es cierto. Pero usted es más responsable que yo, porque en el mundo que hemos creado yo necesito de su gas para vivir mientras que usted no necesita de mis investigaciones día a día. Por esta razón, apelando a su humanidad le pido que marque la diferencia y abandone ésta y cualquier otra práctica de manipulación y engaño que pueda estar implementando a través de su cargo y posición de poder. Chile se lo agradecerá, yo se lo agradeceré. Haga de su lema algo real y contribuya con el cariño que tod@s los chilen@s necesitamos. Si no puede entregar cariño a través de su trabajo, por lo menos no nos engañe.

Sinceramente, 

Rodolfo Bächler