Cristián Warnken está enojado y no lo sabe. Está enojado porque el mundo de Artes y Letras se derrumba ante sus ojos. Las estructuras de poder, las categorías de organización que conoció: lo bueno y lo malo, lo normal y lo anormal, lo bello y lo feo, todo este orden establecido desde arriba, se desarma. Lo que prima ahora es el movimiento, la transformación. Como dice la canción de Fito, el viejo mundo (de los Cristianes Warnkenes) “se terminó”.
Quedarán vivos, en el sentido amplio del término, aquellos que estén abiertos a la experiencia. Seguirá latiendo la vida en quienes tengan disposición a aprender antes que explicar, aquellos que estén disponibles para sentir antes que juzgar. Permanecerán quienes desciendan de las alturas de la intelectualidad para convivir horizontalmente con la humanidad, con las plantas, con los otros animales, con los ríos y los mares. Quedaremos vivos quienes dejemos caer los brazos y suspendamos nuestros juicios a priori. Morirán, en un sentido psicológico, aquellos que nostálgicamente se aferren al pasado y dejen de escuchar el pulso del presente.
Es muy interesante lo que pasa con Cristián Warnken puesto que cae preso de la misma trampa que ya, desde el siglo pasado, fue denunciada respecto del psicoanálisis. Esta pseudociencia, en la cual Cristian se apoya para argumentar, para explicar, para dictar a los(as) constituyentes los patrones “correctos” de actuación, fue duramente criticada por ser una disciplina que argumentaba que toda forma de sufrimiento tenía su origen en el pasado. Fritz Perls, ex psicoanalista reconvertido en gestaltista denunció hace más de cincuenta años que los seres humanos vivimos en el ahora y que el pasado y el futuro, no son más que construcciones, la mayoría de las veces neuróticas, que elaboramos como una forma de evitar el sufrimiento. Claudio Naranjo, nuestro querido Claudio Naranjo, alguien con quien Cristián Warnken mantuvo maravillosas conversaciones que ahora parecen de la prehistoria, lo ponía en los siguientes términos:
"Vive ahora, es decir, preocúpate del presente más que del pasado o el futuro. Vive aquí, es decir, relaciónate más con lo presente que con lo ausente. Deja de imaginar, experimenta lo real. Abandona los pensamientos innecesarios, más bien, siente y observa"
Respecto de lo último, la preeminencia del sentimiento por sobre el pensamiento, se trata de una idea que recibe mucho respaldo de las actuales ciencias cognitivas. Damasio, el famosísimo neurocientífico portugués, demostró, de forma magistral, que las emociones, bajo la forma de marcadores somáticos se adelantan a nuestras decisiones conscientes señalándonos cursos de pensamiento y acción de forma intuitiva. En Chile, llamamos a esa forma de conocimiento tener una “tincada”, una voz que parece derivar de una ceremonia de pueblos ancestrales que habitaban el norte de este territorio que ahora llamamos Chile. La ceremonia del Tinkay, es una práctica de agradecimiento a la pachamama mediante ofrendas, de modo que es probable que la palabra tincada, del quechua “t'inkay” evolucione queriendo significar un tipo de conocimiento enraizado, corporizado y emocional, distinto del pensamiento teórico y representacional que ha predominado en nuestro mundo hasta ahora.
Pero Cristian parece no comprender este cambio de paradigma cuando habla de las emociones como algo obscuro, inconsciente y que contamina nuestra razón:
"Cuando hemos reprimido por mucho tiempo nuestras angustias, rabias y miedos, como individuos o colectividades, esa irracionalidad inevitablemente termina por desbordarnos. Eso fue el estallido social del 2019".
No es así como funcionan las emociones Cristian. Como afirma una de las mayores expertas del mundo en emociones, Lisa Feldman Barrett, todo pensamiento es emocional y no es cierto aquello de que por un lado pensamos y por otro sentimos. Ni menos aún, esa idea de que las emociones son estados irracionales. De modo que bienvenida esta nueva época donde comencemos a pensar con el corazón y más conectados con la tierra. ¡Bienvenidas las tincadas! En la vida, en las relaciones entre las personas, y por supuesto, también en la política, ya que como afirma la filósofa Martha Nussbaum, las emociones son estados cognitivos y se encuentran a la base de nuestras decisiones políticas.
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