Hoy es un día de lluvia y en mi casa se ha acabado el gas. Son las 9:06 AM y me encuentro escuchando los análisis políticos del día mientras intento comprar gas por internet. En la radio, el comentarista de Tele13, Francisco Covarrubias, repite una y otra vez que Chile requiere que pongamos límites a la violencia. "Necesitamos que, transversalmente, los políticos condenen sin matices la violencia que coarta la deliberación de nuestro congreso". Estoy de acuerdo.
Mientras tanto, en la bandeja de entrada de mi correo encuentro un mensaje de Lipigas que señala "Sabemos que lo que Chile necesita es cariño" "Responde la encuesta y tendrás hasta un 20% de descuento en cilindros de 15 y 45 kgs." ¡Qué bien me digo, vamos por la encuesta! La primera sorpresa es que no se trata de tres o cuatro preguntas, sino de una encuesta sustantiva que me significa más o menos diez minutos de "trabajo" si uno se toma en serio este proceso. No puedo evitar responder concienzudamente, trabajo en investigación en ciencias sociales y hago muchas encuestas permanentemente con lo cual tengo algo de empatía, por defecto, frente a este tipo de evaluaciones. Una vez finalizado el proceso voy por el objetivo final: la compra del anhelado balón de gas ya que aún no he podido ducharme ni preparar mis huevos de desayuno. Aquí es donde emerge la sorpresa y luego la rabia. La página de internet de Lipigas muestra que el balón de 15 kgs cuesta $ 19.740 en circunstancias que en la compañía de la competencia, el precio de entrada es, sin descuentos, de $16.550. Una vez más he caído en la trampa. Lo que Lipigas ha hecho, es subir su precio en un 20% o más, para luego ofrecer un 20% de descuento que les permite "regresar" al precio original. Sé que estas cosas ocurren. Las empresas suben sus precios uno o dos días antes de una época de rebajas, para luego lanzar un ofertón que crea la ilusión de mejores precios en la gente. Técnicas de marketing le llaman. Aprendizajes que se generan en postgrados de economía, en el extranjero, MBAs, diplomados en management, etc.
Pienso en mis propias encuestas. La declaración de Singapur nos obliga (en buena hora) a todos quienes trabajamos en ciencia a mantener total coherencia y transparencia con los objetivos, resultados, datos, y todo tipo de contenido asociado a nuestros proyectos de investigación. Por lo mismo, antes de pedir a alguien que nos responda un cuestionario, los científicos debemos entregar toda la información del proyecto de investigación en cuestión, dejar un correo para consultas y comprometernos por escrito a un uso confidencial y con fines de investigación exclusivamente, respecto de los datos que se recaben. ¿Qué diferentes son ambos mundos! Tanto por el tipo de tareas que realizamos, como por el nivel de ingresos que percibimos, así como por las restricciones éticas a las cuales estamos obligados, la ciencia y los negocios son realmente dos mundos opuestos.
Pienso nuevamente en los alegatos de Francisco Covarrubias en la radio, exigiendo declaraciones públicas en contra de la violencia. Sigo de acuerdo, pero ahora, reparo también en los dichos del otro comentarista (Jorge "Pirincho" Navarrete), quien señala que no basta sólo con declaraciones acerca de la violencia, que se requieren también explicaciones. Debe ser mi espíritu científico, que busca siempre explicar. Debe ser también la rabia que me da contra su empresa y sus prácticas, que experimento ahora empatía respecto de quienes protestan con vehemencia. Me da rabia sentirme manipulado, engañado y me siento parte de los millones de chilenos y chilenas que caemos en vuestras trampas día tras día. Pienso en las reacciones de quienes somos presas de sus técnicas de márketing y negocios con las cuentas de la luz, el gas, la electricidad, la salud, la previsión y un largo etcétera de situaciones cotidianas que molestan, irritan, cansan, agobian. ¿De dónde viene tanta violencia? ¿Será un asunto genético? No, las razones son psicosociales, culturales, y tienen directa relación con el tipo de prácticas que compañías como la que usted dirige, llevan a cabo.
Estimado Ángel. Deje de engañar a la gente, deje de manipularnos. Estas cosas irritan y aunque a usted le pueda parecer una minucia en el mar de injusticias que existen en el mundo, lo cierto es que una injusticia sumada a otra, y a otra más, van creando un país injusto y una rabia incontenible entre la gente. Somos todos responsables, es cierto. Pero usted es más responsable que yo, porque en el mundo que hemos creado yo necesito de su gas para vivir mientras que usted no necesita de mis investigaciones día a día. Por esta razón, apelando a su humanidad le pido que marque la diferencia y abandone ésta y cualquier otra práctica de manipulación y engaño que pueda estar implementando a través de su cargo y posición de poder. Chile se lo agradecerá, yo se lo agradeceré. Haga de su lema algo real y contribuya con el cariño que tod@s los chilen@s necesitamos. Si no puede entregar cariño a través de su trabajo, por lo menos no nos engañe.
Sinceramente,
Rodolfo Bächler
Perfecta su denuncia. Ángel sí lo necesita como consumidor. Aunque es uno solo. Citando a Alvin Toffler, lo que deberíamos hacer de ahora en adelante, es cobrar por responder una encuesta. Porque estamos regalando información. No es justo. Estoy pensando seriamente en hacerlo.
ResponderEliminarAhhh!! la rabia! esa emoción tan negada por los intelectuales y las latas esferas y tan necesaria en la vida. Es la rabia la que nos lleva a decir basta! es la rabia la que nos cuida a nosotros y a los nuestros, es la rabia la que nos mueve a querer un mundo mejor. Y no es que esté de acuerdo con la violencia, pero merece su estudio, tiene su explicación... creo que hay que empatizar con el violento, sentir su rabia... así quizás tengamos mayor capacidad de que ellos empaticen con nosotros y podamos construir algo mejor que lo que tenemos.
ResponderEliminarCon el Sr. de Lipigas me resulta difícil empatizar... quizás porque es un sin-rostro, quizás por el descaro en la artimaña que relatas... quizás porque una vez me dejaron esperando dos días que llegara el gas y cuando llegó el caballero me trató mal por pedir gas viviendo tan lejos...
Ojalá en el futuro vivamos en un mundo donde la ética sea parte intrínseca de la vida ciudadana... así un acto como este sería repudiado con tal fuerza por la sociedad, que no les quedaría más que abandonar sus intentos por ganar más a toda costa...