RADIOGRAFÍA EMOCIONAL FRENTE
A LA MOVILIZACIÓN SOCIAL: ¿QUÉ EMOCIONES EXPERIMENTAN LOS CHILENOS(AS) EN ESTOS
CONVULSIONADOS DÍAS?
(PRIMER INFORME VERSIÓN
PRELIMINAR)
Dr.
Rodolfo Bächler
Escuela de
Psicología Universidad Mayor
Las emociones son la primera respuesta de los seres humanos frente a los
cambios en su medio ambiente. Antes de que seamos capaces de pensar u opinar
sobre algo sentimos una emoción. Se trata de un tipo de reacción instintiva y
automática por lo que, en un cierto sentido, puede considerarse a estos estados
como nuestra forma más genuina de expresión.
Teniendo en cuenta lo anterior, intentamos aproximarnos a los recientes
sucesos ocurridos en Chile de un modo diferente a los tradicionalmente
utilizados para comprender este tipo de fenómenos. En esta ocasión, en vez de
preguntar por las opiniones acerca de la movilización social, indagamos cómo se
habían sentido los chilenos y chilenas frente a esta situación.
Para realizar la consulta consideramos la teoría de Robert Plutchick y
diseñamos un cuestionario que indagaba por las emociones experimentadas frente
a la movilización social ocurrida en octubre de 2019 en nuestro país. Por otro
lado, entendiendo que frente a situaciones complejas se sienten de forma simultánea
muchos afectos diferentes, a cada persona participante en el estudio, le
preguntamos por la intensidad (en una escala de 1 a 5 puntos) con la cual había
vivido las siguientes ocho emociones básicas:
1.
Enojo
o rabia;
2.
Temor
o miedo;
3.
Repugnancia
o asco;
4.
Interés
o entusiasmo;
5.
Alegría
o felicidad;
6.
Confianza
o aceptación;
7.
Tristeza
o pena;
8.
Sorpresa
o asombro.
Junto a lo anterior, dejamos un espacio para que aquellos que lo quisieran,
complementarán la información entregada expresando libremente a través de las
palabras, las sensaciones que habían experimentado en estos días.
La muestra de participantes se obtuvo mediante una metodología de “bola de
nieve”, la cual nos permitió conocer acerca de las emociones de 1061
compatriotas. Por otra parte, para realizar análisis más específicos
consideramos una segmentación en función del género de los participantes, su
nivel de ingresos, el tipo de actividad que realizan, su nivel de estudios y la
edad que tienen.
El estudio consultó por las emociones en relación con las siguientes cinco
dimensiones del fenómeno social:
1.
Manifestaciones
en las calles y cacerolazos;
2.
Saqueos
y maltratos de infraestructura
3.
Estado
de emergencia, militares en las calles y toque de queda;
4.
Declaraciones
y propuestas del gobierno
5.
Futuro
próximo
En este informe presentamos los resultados[1]
de un análisis preliminar realizado sobre las respuestas obtenidas frente a las
tres primeras dimensiones del estudio. Para ello, se consideraron únicamente
las respuestas recibidas desde que se inició la multitudinaria marcha del día
26 de octubre de 2019 hasta las veinticuatro horas posteriores a su
realización. No obstante lo anterior, el cuestionario sigue abierto, por lo que,
si usted lo desea, puede acceder a responderlo en el siguiente link
Resultados primera dimensión: emociones
frente a las manifestaciones en las calles y cacerolazos.
El siguiente gráfico, resume la información que obtuvimos sobre las
emociones experimentadas por chilenos y chilenas frente a las manifestaciones
en las calles y cacerolazos. Como puede observarse a primera vista, las
personas sintieron múltiples estados emocionales diferentes, los cuales fueron,
en términos generales, más intensos para las emociones de tono agradable
(interés, alegría y confianza) y menos agudos para aquellos afectos
desagradables (enojo, temor y repugnancia).
Por otro lado, un punto aparte merece el hecho que, de acuerdo con nuestros
resultados, fueron muchas las ciudadanas y ciudadanos que se sintieron
sorprendidas por el surgimiento de las manifestaciones sociales, una situación
que nos habla, probablemente, de la espontaneidad que caracterizó las primeras
etapas de este movimiento.
A continuación, se presentan algunas reflexiones
preliminares sobre aquellos resultados específicos que nos parecen más
significativos en relación con esta dimensión de la movilización social.
La expresión social trajo principalmente interés y
entusiasmo a la población
Mucho se ha hablado respecto del temor y la rabia
que estarían experimentando los chilenos y chilenas respecto de las marchas,
cacerolazos y demás muestras de descontento social. Sin embargo, los datos que
recogimos dan cuenta de que, por sobre esas dos emociones (que presentan baja
intensidad en este estudio), fue el interés, la emoción que más intensamente se
ha vivido en estos días. Se trata de una emoción epistémica, es decir,
directamente ligada a la búsqueda de comprensión. Probablemente, el siguiente
extracto ayude a ilustrar de mejor forma las características de este estado:
“Tengo muchas preguntas y no comprendo por qué en un momento tan complejo
como el que estamos viviendo, hay tan poca sabiduría desde las cúpulas
económicas y políticas. Esto sólo me confirma que no hay un verdadero interés
en las personas como seres humanos, sino que somos, para una determinada élite,
simples recursos a explotar”
Parece ser que la gente quiere entender qué pasa,
pero no se trataría, en este caso, de un entendimiento que busque análisis
técnicos y “fríos”, que emanen “desde arriba” por los expertos. La gente busca
comprender participando directamente en la realidad y lo hace desde un
trasfondo de alegría, la segunda emoción más intensamente experimentada de
acuerdo con este estudio, como puede leerse en los siguientes relatos:
“Muy emocionante sentir y vivir como se une en paz un país
para demostrar un descontento generalizado”
“Una
gran emoción al ver a toda la gente unida por una causa”
“Gran
esperanza por nuestro futuro y compromiso para aportar en construir”
Además, como lo expresa el último extracto, la
combinación de las dos emociones más fuertemente experimentadas (el interés y
la alegría) da origen al optimismo, es decir, la sensación de que las cosas irán
mejorando en el próximo tiempo. Las personas tienen esperanza de que la
expresión de las demandas sociales producirá cambios reales en nuestra
sociedad, en un sentido positivo. Se trata de una situación a la cual
debiésemos prestar mucha atención, puesto que ya sabemos que cuando las
expectativas se truncan aquello puede traducirse en brotes de descontento en el
futuro, como lo expresa una participante en el estudio:
“Muy
contenta de constatar que al fin esto explotó, aunque expectante de saber qué viene
ahora”
Por otro lado, resulta interesante indagar de qué
forma se manifiestan las emociones anteriores en algunos segmentos específicos
de la población.
Más interés y entusiasmo en mujeres y estudiantes
Las mujeres participantes en nuestro estudio experimentan
el interés y el entusiasmo descritos con mayor intensidad que los hombres. Se
trata de una situación muy relevante, sobre todo si la examinamos a la luz de
la falta de oportunidades existente en nuestro país para esta parte de la
población.
Por otro lado, al considerar el tipo de actividad que realizan los
participantes en el estudio, encontramos que, junto a las mujeres, son los
estudiantes quienes mayor entusiasmo muestran respecto de la expresión de
descontento social. Tal vez sea obvio este dato, puesto que fueron ellos
quienes iniciaron el movimiento de octubre 2019. Sin embargo, en este caso, no
se trata únicamente de estudiantes del sistema escolar, como si lo fue en los
albores del movimiento a través de las acciones de evasión en el metro de
Santiago. En este estudio participaron estudiantes en distintos niveles de
formación (escolar, técnico y universitario) lo cual debiera hacernos
reflexionar que, tal vez, no sea únicamente la actividad que se realiza,
aquello que aumenta o disminuye el interés por participar, sino más bien, el
rango etario al cual se pertenece, tal y como se examina a continuación.
Menos interés y entusiasmo en personas mayores y
de altos ingresos.
En este estudio encontramos una relación negativa entre la edad y el
entusiasmo por las manifestaciones sociales.
Pasan los años y nos volvemos
más conservadores, una situación que se vería reforzada cuando el nivel de
ingresos sube también. Cuando se examinan
los datos teniendo en cuenta el nivel económico de los participantes, tenemos
que el interés y el entusiasmo por las manifestaciones sociales decae
sustantivamente en el grupo de mejor situación económica del país. Nos
referimos a familias que ganan en promedio, más de $ 2.739.000.
mensuales.
Segunda dimensión: emociones frente a
los saqueos y maltratos a infraestructura
El gráfico que se observa a continuación permite hacerse una idea general
respecto de las emociones experimentadas por los chilenos y las chilenas frente
a los recientes saqueos y daños a la infraestructura pública y privada de
nuestro país. Como puede apreciarse, lo que las personas sintieron frente a
estos hechos fueron, principalmente, emociones de las llamadas negativas, es
decir, estados que se experimentan internamente como algo desagradable (enojo,
tristeza, repugnancia y temor). Luego, con una mínima y casi inexistente
intensidad en algunos casos, se sintieron emociones tales como el interés, la
alegría y la confianza.
Por otra parte, de forma similar a lo sucedido respecto de la dimensión
anterior, ocurrió que nuestros compatriotas se vieron sorprendidos por este
tipo de manifestaciones violentas, un dato que viene a reforzar la idea de que,
por lo menos, para una parte importante de la población, este tipo de
acontecimientos tampoco se encontraban dentro de los eventos previsibles. Sin
embargo, en este contexto de generalizada imprevisibilidad, debe destacarse el
hecho de que la sorpresa frente a los saqueos y destrucciones fue menos intensa
que aquella que surgió en relación con las manifestaciones como marchas y
cacerolazos.
A continuación, se presentan algunos datos más
específicos en torno de las emociones experimentadas por los participantes en
el estudio en relación con esta dimensión.
Mucha rabia, pero no siempre por las mismas
razones
En
general, los participantes en nuestro estudio han sentido malestar frente a los
saqueos y maltratos a la infraestructura que se han suscitado durante los
últimos días. Este malestar toma la forma de las siguientes emociones, en orden
decreciente de intensidad: rabia o enojo, tristeza o pena, repugnancia o asco y
temor o miedo. Respecto de la emoción más fuertemente experimentada, el enojo,
hay quienes manifiestan que su molestia se asocia directamente con las personas
que han cometido actos violentos, tales como saqueos y maltratos a la
infraestructura. Los siguientes extractos pueden ilustrar este tipo de
apreciaciones:
“Enojo con los delincuentes oportunistas”
“Los saqueos e incendios son el colmo. Totalmente
asqueado de toda esa gente inútil que roba, de verdad, les deseo lo peor”
“Son los anarquistas que están en contra de
cualquier sistema con alguna estructura. Ellos siempre van a estar fuera del
sistema. Los saqueos empiezan con los narcos y la gente después aprovecha a
sacar si las puertas están abiertas”
Sin
embargo, no todas las sensaciones de rabia experimentadas en estos días se
asocian directamente con los ejecutores de los actos vandálicos. Otro tipo de aspectos,
indirectamente asociados a estas situaciones, han sido también, factores que
desataron el enojo entre los participantes en el estudio:
“Me da rabia más que nada porque son actos violentos y organizados por
carabineros y militares que siguen órdenes para dividir al pueblo”
“Molestia y enojo porque invisibiliza el dolor de
tantos postergados por el daño a la infraestructura que genera más dolor y daño
a los más frágiles”
“Desvirtuaron un poco
las manifestaciones, pero da rabia que la prensa mostrara mas eso que la realidad,
por otro lado, se supo de muchos montajes que aún no aceptan... Eso sí que da rabia”
Probablemente,
algo de estos distintos tipos de rabia se relaciona con las características
específicas de los distintos subgrupos que conformaron la muestra de participantes
de nuestro estudio, como se analiza a continuación.
El enojo es más fuerte
en el grupo de personas con mayores ingresos
El
grupo de mayores ingresos del estudio (sobre $ 2.739.000), se diferencia
del resto de los segmentos socioeconómicos por experimentar mayores niveles de
molestia frente a los saqueos y maltrato a infraestructura. Resulta sorpresivo este dato si se considera
que quienes se ven mayormente afectados por este tipo de daños, son aquellos
grupos económicamente más desfavorecidos, quienes utilizan diariamente el
transporte y la infraestructura pública. ¿Cómo se explica esta aparente
contradicción? Al respecto, una hipótesis plausible sería el que la rabia de las
personas con mayores ingresos se sustente en el hecho de que ellas vean en las
manifestaciones de violencia una posibilidad de sufrir agresiones directas a su
patrimonio e integridad personal. Sin embargo, si así fuese, debiésemos esperar
que, junto a la rabia, dicho grupo socioeconómico experimente temor por los
posibles daños en el futuro. Lo cierto es que los datos recogidos en torno a
las experiencias de miedo en esta dimensión no avalan esta posibilidad. En el
grupo socioeconómico más alto, la intensidad de la emoción del temor es
significativamente menor si se compara con la del resto de los grupos
evaluados.
¿Cuál será entonces la razón de estas diferencias emocionales?
Probablemente, el análisis de las respuestas entregadas respecto de la
emoción de la alegría arroje algunas luces sobre este tema ya que se trata de una
emoción frente a la cual también existen diferencias entre los grupos
socioeconómicos más extremos de la muestra. En este caso, la media de
intensidad de la alegría del grupo de menores ingresos es estadísticamente
mayor que aquella que se observa para el grupo más favorecido, aun cuando, en
ambos casos, la intensidad de la alegría es baja si se compara con otras
emociones evaluadas. Los siguientes
extractos dan una idea de las características del tipo de emocionalidad
experimentada por aquellos que puntúan más alto en alegría frente a los saqueos
y maltratos de infraestructura:
“La rabia y la constante humillación han
provocado esto!!!!”
“Todos los
supermercados y las grandes empresas tienen seguros.... No los justifico...
pero hay gente que no debería sacrificar su vida por estas cosas”
“A la
demás gente les molesta que alguien de escasos recursos saquee un supermercado,
pero los políticos nos roban todos los días de distintas maneras”
Como puede apreciarse, no se trata de alegría propiamente tal, sino tal
vez, de una cierta simpatía frente al fenómeno, un rechazo con menos intensidad,
o simplemente, como define Robert Plutchick este estado, de una reacción más serena frente al tema. Probablemente, esta
serenidad permite entender empáticamente el fenómeno, más no así justificarlo, como
se ejemplifica en el siguiente extracto:
“Pienso que la violencia es una respuesta
psicológica a los años de violencia institucional por parte del estado,
respecto al vandalismo y robos también. Responde a la desigualdad y el sistema
de consumo. La gente lo ve como la oportunidad de tener aquello que nunca
tuvieron, no se justifica, pero es completamente explicable”
Tercera dimensión: emociones frente al
estado de emergencia, militares en las calles y toque de queda
Rabia y tristeza frente
al estado de emergencia.
Mayoritariamente,
el estado de emergencia ha provocado enojo y rabia en la población, seguida
estrechamente por la tristeza. Respecto de lo primero, cabe decir que según
algunos autores la rabia es el juicio (implícito) de que uno ha sido agraviado
u ofendido. Si seguimos esa interpretación de dicha emoción, entonces tenemos
que preguntarnos por él o los tipos de agravio que las personas experimentan
debido al estado de
emergencia. La lectura de algunos de los comentarios que la gente hizo para
explicar sus emociones puede arrojar algunas luces sobre este tema:
“No
entiendo como sacaron a los militares, sabiendo todo el daño que hicieron a
nuestras familias, el dolor no sanado y retraumatizacion. Cuando no cuidaron ni
un supermercado y si se dedicaron a asesinar a mis compatriotas”
“Horrible,
me recuerda a la dictadura”
“Vergüenza
y asco que las FFAA y de Orden; salgan a la calle a calmar sus fetiches de
violencia contra manifestantes desarmados, sin discriminar entre niños, jóvenes
o adultos mayores. Si antes sentía baja afinidad por ambas instituciones, ahora
siento asco, repulsión y odio”
“El
gobierno se tiñó de rojo cuando la gente desarmada iba a protestar, hasta para
eso hacen notar la desigualdad”
Muchas personas
sienten como un agravio el estado de emergencia, en el sentido en que la Real
Academia de la Lengua Española concibe el término, es decir, como un “perjuicio que se hace a alguien en sus derechos e intereses”. En circunstancias que el recuerdo y la herida de la
vulneración de los derechos humanos se encuentra aún fresca en la memoria de
los chilenos y chilenas, la salida de los militares a las calles y la
determinación de un toque de queda es vivenciada con enojo y rabia. Sin embargo, al igual como ocurre con las dimensiones anteriores, esta
emoción es vivenciada con distintos grados de intensidad en diferentes grupos
de la muestra.
Más enojo y rabia en mujeres y estudiantes
Como
la perfecta contracara de la moneda del entusiasmo frente a las manifestaciones
de protesta social, la rabia frente al estado de emergencia es una experiencia
más intensa en mujeres y estudiantes.
Respecto
del primer grupo, llama la atención que sean ellas quienes vivencian con mayor
intensidad la rabia frente al estado de emergencia. Lo anterior, puesto que
existen antecedentes en la literatura psicológica que señalan que las mujeres
tendrían más dificultades para expresar la rabia, mientras que los hombres, por
su parte, tendrían lo suyo con la tristeza. No tenemos información suficiente
aún como para analizar este punto.
Algo
similar ocurre respecto del aumento de intensidad del enojo en el grupo de
estudiantes. Se trata de un dato que también resulta desconcertante, sobre
todo, si pensamos que los jóvenes serían quienes menos experiencias previas de
pérdida de derechos tienen dado que no vivieron directamente la dictadura.
Nuevos estudios deberán buscar respuestas a estos dilemas.
Menos molestia en personas de edad y con altos
ingresos económicos
Al
igual que frente al caso de las manifestaciones en las calles examinado
previamente, los datos obtenidos respecto del estado de emergencia muestran que
el grupo de mayores ingresos de la muestra (más de $ 2.739.000 mensuales) presenta un
menor nivel de enojo en relación con esta dimensión. La misma situación se
observa respecto de la edad. Mientras más edad se tiene, menos enojo se vive por esta situación, la cual viene
acompañada además en este caso, de menores niveles de tristeza y temor.
REFLEXIONES FINALES
Finalmente, cerramos este informe preliminar sobre
las reacciones emocionales frente a las movilizaciones sociales con algunas
reflexiones generales que esperamos sean útiles para aportar a la comprensión de
este complejo fenómeno.
Lo primero, es decir que, efectivamente, nos
encontramos en frente de un fenómeno de gran complejidad, que calza muy bien con
la descripción que los científicos sociales y cognitivos hacen de las llamadas propiedades
emergentes. Es decir, se trata de un fenómeno que no se explica por leyes de
causa y efecto, sino que más bien, resulta de la interacción de muchísimas
variables operando en forma simultánea. Como muestra de esta complejidad tenemos
el hecho de que prácticamente nadie dentro de la muestra manifiesta menos de
cuatro emociones experimentadas frente a cada dimensión del movimiento. Pero,
además, tenemos el dato de que para todas las dimensiones evaluadas se observan
altos niveles de sorpresa, un hecho que reafirma la impredecible del fenómeno
según es percibido por los participantes en el estudio.
En segundo lugar, se trata de un fenómeno
dinámico por lo que el presente estudio debe considerarse únicamente como una
radiografía puntual de un momento específico del proceso de movilización. Al
respecto, el azar nos permitió que esta foto fuese tomada justo en el momento
que tal vez haya sido el punto más álgido de las manifestaciones (las 24 horas posteriores
a la gran marcha), no obstante, resulta muy deseable continuar estudiando este
proceso con el fin de observar cómo van mutando los estados emocionales de los
chilenos y chilenas.
Por otro lado, es importante resaltar que dada la
complejidad y el dinamismo que este proceso presenta, cualquier análisis que de
este se realice debe considerar múltiples matices a la hora de realizar
interpretaciones, evitando los discursos en blanco y negro del tipo “lo que los
chilenos sienten es”; “lo que la gente quiere” o “la mayoría de los chilenos
rechazan”. Lo que aquí tenemos es una
multiplicidad de miradas y experiencias que deben ser estudiadas de forma desagregada
para avanzar hacia una comprensión del conjunto que llamamos “población chilena”.
Sobre esto hay tres aspectos que nos gustaría
esbozar para finalizar este informa.
El
primer punto en el sentido anterior, tiene que ver con las diferencias
emocionales detectadas entre hombres y mujeres en este estudio. Los datos
obtenidos sobre este punto, dan cuenta de que son las mujeres quienes más
desean participar en este tipo de procesos. Se trata de una situación que
resulta paradójica si se considera la falta de oportunidades que para este
grupo existe en nuestro país. Necesitamos continuar empoderando a las mujeres y
abriendo espacios para su participación social. Esto es no sólo un legítimo
derecho de las mujeres, sino que también una necesidad para toda la sociedad
que, si se satisface, promoverá el desarrollo de nuevas formas de liderazgo e
interacción social hacia el futuro. Una situación similar es la que experimentan los estratos más jóvenes de
nuestra población, quienes, a pesar de su sensibilidad y deseos de manifestarse
resultan generalmente excluidos de los canales oficiales de participación.
El segundo punto en relación con
la necesidad de considerar diferentes matices a la hora de analizar este
fenómeno se relaciona con las distintas sensibilidades que en este estudio
hemos encontrado en relación con los actos violentos. Si bien se trata de
hechos que suscitan, en general, emociones negativas en la población, estas
reacciones no se sustentan siempre en las mismas razones, ni tampoco, se
expresan de modo uniforme en cuanto a niveles de intensidad. Por esta razón, nos parece que quienes
ejercen posiciones de liderazgo en la sociedad debieran no sólo solicitar
condenas a priori sobre los hechos violentos, sino que, además, intentar una
aproximación empática sobre el fenómeno que permita comprender sus razones, más
allá de los necesarios juicios valorativos.
Finalmente, parece necesario
reflexionar sobre el hecho de que los datos de este estudio refuerzan la afirmación hecha
por “la calle”, en el sentido de que, en nuestro país, habría una desconexión
por parte de la elite. Sin embargo, en este caso, no hablamos tanto de una falta
de comprensión intelectual respecto del fenómeno de la movilización social,
sino que más bien, acerca de una escasa sintonía emocional con las expresiones
de descontento. Cualquier persona, aun con escasos estudios, puede comprender
“intelectualmente” que $ 400.000 no alcanzan para vivir en el Chile del día de
hoy. Sin embargo, una situación muy distinta es colocarse empáticamente en el
lugar de quien maneja ese presupuesto mensualmente. Si estamos en lo correcto,
se trata de un problema que no se soluciona únicamente con explicaciones
matemáticas acerca de la desigualdad.
Anexos
[1]
Todos los resultados que se describen en este documento se sustentan sobre
análisis específicos realizados mediante el software SPSS versión 24. Por esta
razón, cuando se hace referencia a diferencias de medias entre diferentes
grupos de la muestra o de relaciones entre variables, se alude implícitamente a
resultados que resultaron estadísticamente significativos. No obstante, se han
omitido los datos numéricos para hacer más fácil la lectura del informe









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