jueves, 16 de mayo de 2013

ANTARES DE LA LUZ: REFLEXIONES SOBRE EL DESARROLLO, LA LOCURA Y EL CAPITALISMO HEDONISTA

Rodolfo Bächler

Rodrigo Hagar

 
 

                Los recientes y trágicos sucesos acaecidos con la secta “Antares de la Luz”, nos presionan a tratar un tema espinudo, pero sobre el cual sentimos tener algún grado de responsabilidad. A estas alturas, en que la opinión pública conoce muchos de los escabrosos detalles sobre el asesinato del bebé engendrado al interior de la comunidad, a nosotros nos preocupan además, todos quienes se apuntaron como seguidores de Ramón Castillo.  ¿Cuántas de estas personas son o pudieron ser también, víctimas de la locura individual y colectiva que ha rodeado todo este asunto?

                En tiempos donde proliferan las psicoterapias alternativas: el coaching cuántico, el yoga, la meditación, la astrología, las terapias florales y de vidas pasadas, el eneagrama, y por cierto, las tomas de ayahuasca, entre otras, conviene preguntarse: ¿Cuánto de esto se practica seriamente y puede aportar a nuestro crecimiento como seres humanos? En el contexto del “mercado de la espiritualidad” existe de todo. Desde personas rigurosas y responsables de su actuar, hasta mercachifles, delincuentes y enfermos, como lamentablemente lo demuestran los tristes sucesos ocurridos recientemente.  ¿Bajo qué criterios discriminar, entonces, entre la basura pseudo-psicoespiritual y las genuinas y substantivas prácticas del desarrollo personal?

Entre tanta oferta, tal vez sea bueno acudir a los clásicos en busca de criterios que permitan discriminar. Abraham Maslow, psicólogo estadounidense del siglo pasado, y pionero de la psicología humanista y transpersonal, realizó un estudio en los años sesenta, con personas que, en relación con una diversidad de parámetros, representaban las máximas posibilidades del desarrollo mental humano. Descubrió cosas interesantes, como por ejemplo, el hecho de que los individuos más evolucionadas, logran una percepción cada vez más clara y objetiva respecto de sí mismos y de su entorno. Es decir, estos sujetos, lejos de recibir mensajes alucinatorios desde el “más allá”, tienden a percibir las cosas de una forma cada vez más objetiva y realista. O, por ejemplo, que los humanos cuando evolucionan, en vez de  transformarse en personajes  “aburridos” y “ceremoniosos”, suelen tener un sentido del humor muy desarrollado. Además de lo anterior, Maslow, reveló que cuando las personas escalan en su crecimiento psicológico, comienzan a vivir motivados por asuntos de orden global y no tanto por la satisfacción de las apetencias del ego individual. Recomendamos revisar el perfil de las personas auto-realizadas, puesto que  puede ser útil como un criterio que permita diferenciar entre el verdadero desarrollo del potencial humano, y la falsa espiritualidad o incluso la “locura”, de algunos pseudo-maestros que andan dando vueltas por allí. ¿Le suena?

Nada más alejado de los hallazgos de Maslow que las características de Ramón Castillo,  según dan cuenta de su perfil psicológico, las noticias publicadas en los medios últimamente. En éstos, es descrito como un tipo retraído, con dificultades de expresión y motivado por delirios de persecución. ¿Cuáles son entonces los factores por los cuales tantas personas se embarcaron detrás de este sujeto en actividades alejadas de la verdadera espiritualidad? Aunque la discusión mediática se ha centrado en el terrible asesinato, a nosotros nos preocupa también, el dolor psicológico de los seguidores, aquellos que directa o indirectamente, participaron de este crimen. Lo anterior, puesto que creemos que por acción y/o por omisión, somos todos responsables de lo ocurrido. ¿A qué nos referimos? 

Al interior de nuestra cultura hedonista, poco dada a experimentar los sinsabores que implica la evolución personal, se potencia el surgimiento de un nicho de negocios que encuentra en la “sed” de desarrollo y felicidad de las personas, una estupenda oportunidad para el lucro. El problema está en la cultura que hemos creado, donde trabajamos en pegas sin sentido, estudiamos cosas que no nos sirven, y en general, llevamos vidas planas que nos adormecen, y que permiten al sistema transformarnos en “recursos humanos”. En este contexto, las ofertas de pseudo-espiritualidad hacen su negocio de estupenda manera, comercializando con las expectativas y el dolor de gente como usted o como yo.

Sin embargo, la experiencia indica que en la búsqueda del desarrollo personal, el “saltarse” los peldaños de la pirámide de Maslow, buscando la iluminación instantánea, puede tener  funestas consecuencias. Los estudios del viejo Abraham, resultan todavía iluminadores, porque denotan que el camino de la expansión de la conciencia es un tránsito progresivo, que pasa primero por las cuestiones “mundanas”, antes de experimentar con los asuntos del “más allá”.

En el contexto de todo lo anterior, nosotros le sugerimos que desconfíe de aquellos “ofertones” que promocionan luces inmediatas y que se muestran como atajos en el camino del desarrollo. Así, antes de depositar la responsabilidad de nuestro sufrimiento en reencarnaciones pasadas, o en infortunadas alineaciones planetarias, según señale algún “maestro chanta”, es probable que haya cuestiones mucho más tangibles, generalmente vinculadas a nuestra historia familiar, que tengan directa relación con todo aquello que se requiera cambiar. La terapia de vidas pasadas es una búsqueda sin sentido, cuando no se han abordado aún los problemas de esta vida, donde las cosas son muchos más concretas y “fomes”, que los confines alucinatorios que la ayahuasca puede ofrecernos. Del mismo modo, aunque suene impopular, nosotros sostenemos que existe un riesgo en la ciega adhesión a la cultura del placer que promueve la mal llamada psicología de la felicidad. La verdadera felicidad no es tanto la evitación del sufrimiento y la búsqueda compulsiva del placer, sino más bien un proceso de desapego y expansión de la conciencia, que deriva de la experiencia de atravesar por el dolor. De modo que desconfíe de los talleres, cursos, libros y manuales que sigan la lógica de la evitación del sufrimiento. Aquello es en alguna medida funcional a nuestro sistema capitalista, al cual le sirven los hombres y mujeres dormidos, que toman “Coca-Cola” y consumen buscando el placer compulsivamente.

Como viene afirmando hace muchos años, el psiquiatra chileno Claudio Naranjo, el mejor camino del desarrollo es la experiencia de atravesar por  dolor y el tomar conciencia de uno mismo, de modo que no existen, en verdad, las pastillas del misticismo inmediato.

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