Rodolfo Bächler
Rodrigo Hagar
Los recientes
y trágicos sucesos acaecidos con la secta “Antares de la Luz”, nos presionan a
tratar un tema espinudo, pero sobre el cual sentimos
tener algún grado de responsabilidad. A estas alturas, en que la opinión
pública conoce muchos de los escabrosos detalles sobre el asesinato del bebé
engendrado al interior de la comunidad, a nosotros nos preocupan además, todos quienes
se apuntaron como seguidores de Ramón Castillo.
¿Cuántas de estas personas son o pudieron ser también, víctimas de la
locura individual y colectiva que ha rodeado todo este asunto?
En
tiempos donde proliferan las psicoterapias alternativas: el coaching cuántico, el yoga, la
meditación, la astrología, las terapias florales y de vidas pasadas, el
eneagrama, y por cierto, las tomas de ayahuasca, entre otras, conviene preguntarse:
¿Cuánto de esto se practica seriamente y puede aportar a nuestro crecimiento como
seres humanos? En el contexto del “mercado de la espiritualidad” existe de todo.
Desde personas rigurosas y responsables de su actuar, hasta mercachifles,
delincuentes y enfermos, como lamentablemente lo demuestran los tristes sucesos
ocurridos recientemente. ¿Bajo qué
criterios discriminar, entonces, entre la basura pseudo-psicoespiritual y las
genuinas y substantivas prácticas del desarrollo personal?
Entre tanta
oferta, tal vez sea bueno acudir a los clásicos en busca de criterios que permitan
discriminar. Abraham Maslow, psicólogo estadounidense del siglo pasado, y
pionero de la psicología humanista y transpersonal, realizó un estudio en los
años sesenta, con personas que, en relación con una diversidad de parámetros, representaban
las máximas posibilidades del desarrollo mental humano. Descubrió cosas
interesantes, como por ejemplo, el hecho de que los individuos más evolucionadas,
logran una percepción cada vez más clara y objetiva respecto de sí mismos y de
su entorno. Es decir, estos sujetos, lejos de recibir mensajes alucinatorios
desde el “más allá”, tienden a percibir las cosas de una forma cada vez más
objetiva y realista. O, por ejemplo, que los humanos cuando evolucionan, en vez
de transformarse en personajes “aburridos” y “ceremoniosos”, suelen tener un
sentido del humor muy desarrollado. Además de lo anterior, Maslow, reveló que
cuando las personas escalan en su crecimiento psicológico, comienzan a vivir
motivados por asuntos de orden global y no tanto por la satisfacción de las
apetencias del ego individual. Recomendamos revisar
el perfil de las personas auto-realizadas,
puesto que puede ser útil como un
criterio que permita diferenciar entre el verdadero desarrollo del potencial
humano, y la falsa espiritualidad o incluso la “locura”, de algunos pseudo-maestros
que andan dando vueltas por allí. ¿Le suena?
Nada más
alejado de los hallazgos de Maslow que las características de Ramón Castillo, según dan cuenta de su perfil psicológico, las
noticias publicadas en los medios últimamente. En éstos, es descrito como un
tipo retraído, con dificultades de expresión y motivado por delirios de
persecución. ¿Cuáles son entonces los factores por los cuales tantas personas
se embarcaron detrás de este sujeto en actividades alejadas de la verdadera
espiritualidad? Aunque la discusión mediática se ha centrado en el terrible
asesinato, a nosotros nos preocupa también, el dolor psicológico de los
seguidores, aquellos que directa o indirectamente, participaron de este crimen. Lo
anterior, puesto que creemos que por acción y/o por omisión, somos todos
responsables de lo ocurrido. ¿A qué nos referimos?
Al interior de
nuestra cultura hedonista, poco dada a experimentar los sinsabores que implica la
evolución personal, se potencia el surgimiento de un nicho de negocios que
encuentra en la “sed” de desarrollo y felicidad de las personas, una estupenda
oportunidad para el lucro. El problema está en la cultura que hemos creado,
donde trabajamos en pegas sin sentido, estudiamos cosas que no nos sirven, y en
general, llevamos vidas planas que nos adormecen, y que permiten al sistema transformarnos en “recursos humanos”. En este contexto, las ofertas de
pseudo-espiritualidad hacen su negocio de estupenda manera, comercializando con
las expectativas y el dolor de gente como usted o como yo.
Sin embargo, la experiencia indica que en la búsqueda
del desarrollo personal, el “saltarse” los peldaños de la pirámide de Maslow,
buscando la iluminación instantánea, puede tener funestas consecuencias. Los estudios del
viejo Abraham, resultan todavía iluminadores, porque denotan que el camino de
la expansión de la conciencia es un tránsito progresivo, que pasa primero por
las cuestiones “mundanas”, antes de experimentar con los asuntos del “más
allá”.
En el contexto
de todo lo anterior, nosotros le sugerimos que desconfíe de aquellos “ofertones”
que promocionan luces inmediatas y que se muestran como atajos en el camino del
desarrollo. Así, antes de depositar la responsabilidad de nuestro sufrimiento en
reencarnaciones pasadas, o en infortunadas alineaciones planetarias, según
señale algún “maestro chanta”, es probable que haya cuestiones mucho más
tangibles, generalmente vinculadas a nuestra historia familiar, que tengan
directa relación con todo aquello que se requiera cambiar. La terapia de vidas
pasadas es una búsqueda sin sentido, cuando no se han abordado aún los
problemas de esta vida, donde las cosas son muchos más concretas y “fomes”, que
los confines alucinatorios que la ayahuasca puede ofrecernos. Del mismo modo,
aunque suene impopular, nosotros sostenemos que existe un riesgo en la ciega adhesión
a la cultura del placer que promueve la mal llamada psicología de la felicidad.
La verdadera felicidad no es tanto la evitación del sufrimiento y la búsqueda
compulsiva del placer, sino más bien un proceso de desapego y expansión de la
conciencia, que deriva de la experiencia de atravesar por el dolor. De modo que
desconfíe de los talleres, cursos, libros y manuales que sigan la lógica de la evitación
del sufrimiento. Aquello es en alguna medida funcional a nuestro sistema
capitalista, al cual le sirven los hombres y mujeres dormidos, que toman “Coca-Cola”
y consumen buscando el placer compulsivamente.
Como viene afirmando hace muchos años, el psiquiatra chileno Claudio Naranjo, el mejor camino del desarrollo es la experiencia de atravesar por dolor y el tomar conciencia de uno mismo, de modo que no existen, en verdad, las pastillas del misticismo inmediato.
Como viene afirmando hace muchos años, el psiquiatra chileno Claudio Naranjo, el mejor camino del desarrollo es la experiencia de atravesar por dolor y el tomar conciencia de uno mismo, de modo que no existen, en verdad, las pastillas del misticismo inmediato.

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